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Es lo que hemos creado nosotros > Manuel Iglesias

   

Uno de los aspectos de la actualidad informativa en las últimas semanas es el de las manifestaciones y protestas, tanto las organizadas por los sindicatos por sí o como correa de transmisión política, o por los colectivos afectados por diversas medidas o, simplemente, que desean manifestar su posición a determinadas cosas.

Tras algunas de estas manifestaciones hay un elemento de rechazo a lo que algunos han denominado como la excesiva mercantilización de nuestra sociedad. Este sentimiento se alimenta también de casos en que las empresas abusan de los consumidores y el ciudadano se siente víctima de sus acciones sin encontrar amparo en la Administración, que debería ser la encargada de vigilar y enmendar al más fuerte en la injusticia.

Pero tampoco se puede ignorar que en gran parte vivimos todos, o casi todos, en la contradicción del modelo que ejecutamos para nosotros mismos y el que reclamamos para el resto de la sociedad. La gente quiere seguir consumiendo más bienes o más servicios de la sociedad del bienestar; pero, a la hora de pagar la cuenta, preferiría no hacerlo, o que ésta la abone otro, aunque no se sepa muy bien qué o quién, para lo cual los ricos ha resurgido como un término de moda que ha venido muy bien para dar una salida a la incongruencia y lanzar los problemas de financiación a un limbo de responsabilidad que es ajena.

Si se mira a las alternativas, la economía de mercado es la única que nos puede proporcionar los bienes que queremos, pero en cambio no nos gustan las normas de comportamiento que contiene y que debemos desarrollar para ello, ni los riesgos que implica la libertad de tomar decisiones, tanto para recibir los beneficios, como para pagar las equivocaciones. Por ejemplo, en Bolsa queremos acciones que siempre suban. Mientras es así, el sistema es bueno y hay que defenderlo; si toca descenso, entonces el sistema es perverso y hay que acabar con él y los “especuladores” como si todos nosotros en pequeña medida no lo fuéramos un poco en busca del rédito. Pero la cosa es que la Bolsa sube y baja y si no se quiere riesgo -pero tampoco beneficio- no se puede entrar en ella. Y eso vale para casi todo en la vida.

Pero sí es verdad que hay aspectos de nuestra sociedad que requieren cambios: más competencia que redunde en los consumidores, mejor información de lo que sucede y una Administración que recuerde que el objetivo de su defensa son los ciudadanos y que las leyes se hacen para eso, para protegerlos, no para crear con ellas barreras que les impidan el paso a sus derechos. Se habla del fin de un modelo y de la aparición de otro. Es posible, pero nadie inventó el modelo; éste no es sino el reflejo de las acciones de los sujetos, con sus grandezas y sus miserias.

En general, según como nos comportemos, tendremos el nuevo modelo de sociedad en el que nos moveremos.