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Esperanzas > Alfonso González Jerez

   

Impresionante. En Canarias el desempleo descendió en el pasado mes de septiembre en 488 personas, un 0,19%. Ya solo quedan 251.990 parados inscritos en las oficinas de empleo. En este articulejo no voy a escenificar de nuevo un apocalipsis al atardecer. Pero me parece que cualquier gesto de satisfacción resulta una obscenidad. Tres calles más debajo de este despacho, en pleno centro de Santa Cruz, puede encontrar usted a varios individuos que se dedica, extrañamente, a dar vueltas supuestamente espontáneas alrededor de un supermercado. Llegan hacia las diez o diez y media de la noche y distraen la espera fumando un cigarrillo o merodeando por el barrio. Se identifican entre ellos, los más veteranos, pero rara vez se saludan. Cuando los felices empleados del supermercado arrojan los productos perecederos a los tanques de basura se acercan, con una presurosa timidez, caminando hacia los detristus con la vista en el suelo y los ojos entrecerrados, como si atravesaran una ventisca. Y lo están haciendo. Atraviesan, apretando los dientes, una helada tempestad de vergüenza, humillación y desamparo. Rebuscan rápido asomados a la vaharada maloliente del contenedor: yogures, cartones de leche, bolsas de ensaladas recién caducadas, galletas, alguna lata quizás, y se pierden en la oscuridad casi ocultos tras una bolsa de plástico. No están entre los 488 bienaventurados.

La esperanza, voceada hasta la extenuación, es el turismo, deidad a la que no hemos aprendido a rezar. Se recuerda una y otra vez que, aunque la entrada de turistas se ha incrementado en los últimos ocho meses, todavía estamos a los niveles de 1998 (9.350.000 visitantes). Se insiste en que es perentorio incrementar el número de turistas para crear puestos de trabajo y se soslayan factores evidentes, entre otros, que esta recuperación turística es imposible sin mejorar la competitividad con los destinos emergentes y los destinos dormidos en el norte de África, una competitividad perdida al comienzo del milenio, y esa competitividad pasa, en una industria turística con una estructura laboral como la canaria, por mantener o reducir plantillas y por unos salarios estancados, cuando no en retroceso. Se olvida que el turista peninsular y extranjero gasta menos en su visita que hace diez años. Se prefiere ignorar testarudamente que Europa vive una aguda crisis económica que, en el próximo año, puede transformarse, en varios estados, entre ellos España, en una nueva y aplastante recesión.

El paro no se incrementa. Sin duda no es una pésima noticia. Pero me permitirán sostener que en el fondo de los tanques de basura vacíos, a la luz parpadeante del super, no vea ninguna esperanza.