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esto no se cobra > por Cristina García Maffiotte

Final abierto > Cristina García Maffiotte

   

Lo de El Hierro tiene toda la pinta de acabar convertido en una película cofinanciada a partes iguales por el Ministerio de Ciencia e Innovación, el Gobierno de Canarias, el Cabildo herreño y el Bar El Mentidero. Rodada en 3D, con piroclastos volando hacia el espectador y con la sensación de que la mancha verde traspasará la pantalla para inundar el patio de butacas, reventará las taquillas si se logra, eso sí, convencer a González Ortiz para que el proyecto no se vea afectado por los recortes presupuestarios y el dinero llegue para pagar las localizaciones en El Hierro y no en un plató de Los Majuelos.

Este guión, puesto en manos de un gran director, lo tiene todo para ser un éxito. Hay una catástrofe en ciernes, una lucha política, un drama humano…por tener tiene hasta un pueblo fantasma.

Comenzará la trama con unos terremotos que van ganando en intensidad a medida que pasan los días. Este hecho, que parece al inicio que es la trama principal no es más que un recurso de los guionistas para engancharnos a la pantalla, situarnos en el escenario en el que se va a desarrollar la película y, sobre todo, ilustrarnos sobre algunos términos científicos. La Consejería de Turismo aprovechará este momento para, igual que ahora han hecho algunos periodistas con sus crónicas de relleno, dar a conocer al mundo que en El Hierro hay fantásticos restaurantes, que hacen una riquísimas quesadillas, que el apellido Padrón se repite mucho y que en la isla veneran a la Virgen de Los Reyes y cada cuatro años la sacan en procesión. Ya situados en el contexto adecuado y con algo de vocabulario científico ya asumido por parte del espectador comienzan a aparecer varias tramas paralelas.

La primera, de carácter humano. Una vieja rencilla en la que los celos y los egos han ido forjando, a base de titulares de prensa, una enemistad eterna. Dos familias científicas enfrentadas, los carracedos y los nemesios, se lanzan indirectas, críticas e, incluso, algún comentario hiriente. El espectador, que no tiene conocimientos suficientes para dar la razón a uno u otro bando, asiste a esta pelea con el corazón dividido mientras se pregunta por quién tomar partido; por la familia de científicos con pinta de enteraditos o por la que sus miembros parecen ir camino de una chuletada.

En un segundo argumento se le presenta a los espectadores un drama económico. La intensidad de los seísmos obliga a cerrar el Túnel de Los Roquillos. Esta trama va ganando intensidad según va avanzando la película. De hecho, uno de los clímax de la cinta se situará cuando científicos, técnicos y políticos se enfrenten por la apertura del túnel. La incertidumbre por la decisión final mantendrá a los espectadores pegados a sus butacas que se debatirán entre la vergüenza ajena por los comentarios de algunos de los responsables políticos y el miedo de saber que su futuro puede estar en manos de esa gente. En este punto de la película la tensión será tal que el público devorará las cotufas.

Y entonces, justo cuando parece que la película no va a dar más de sí, aparece: El volcán. Un desalojo, una gran mancha verde y un zumbido de fondo anuncian su presencia. En ese preciso momento, el espectador aún no sabe que esa mancha verde le va a acompañar durante el resto del metraje. Cuando la película acabe lo sabrá todo sobre ella, su tamaño, su olor, su recorrido, su ph…todo.

Para cuando la mancha verde empiece a escupir piedras, los espectadores estarán en vilo…no han visto el volcán, lo intuyen, pero saben que el desenlace es inminente, algo va a pasar. El foco de atención irá constantemente durante la siguiente media hora de película entre la mancha y los vecinos. Unas imágenes de la mancha, un vecino cabreado, mancha, vecino entrando en La Restringa, mancha, vecino saliendo de La Restinga y, mientras, la tensión por el inminente desenlace se incrementa. Y justo en ese momento, cuando la película llega a su clímax, cuando el parto de un islote se palpa en el ambiente, cuando un carísimo robot del siglo XXI surca los mares hacia la isla, en un transporte del siglo XIX, cuando los vecinos están al borde de la desesperación…justo en ese momento, la palabra FIN aparecerá en pantalla.

La decepción del espectador quedará rápidamente mitigada porque, antes de los créditos, aparecerá un trailer de la secuela en el que se avanzarán las respuestas a las tramas que quedaron en el aire: ¿llegará el día en el que nemesios y carracedos compartan una conferencia o vayan juntos a una romería?; ¿qué pasará con el robot que aún surca las aguas camino de El Hierro?; ¿llegará para la segunda parte o para la tercera?; ¿nacerá una Isla?, ¿volverán los vecinos a casa? y la más intrigante ¿dónde está Tomás Padrón?

La respuesta a estas preguntas, muy pronto, en las mejores salas.