X
El perseguidor >

Francisco León: “En Canarias se escribe gran poesía”

   

Francisco León (Tenerife, 1970) presentó recientemente su quinto libro de poemas, 'Aspectos de una revelación'. | DA

SERGIO BARRETO | Santa Cruz de Tenerife

El poeta Francisco León (Tenerife, 1970) presentó el jueves pasado en la sede central de CajaCanarias su quinto libro de poemas, Aspectos de una revelación, título por el que obtuvo el Premio Pedro García Cabrera de Poesía en su última edición. La trayectoria literaria de León no se halla solo determinada por la poesía, de la que es autor de los libros Cartografía, Tiempo entero, Dos mundos, Terraria, ya que también ha publicado ensayos, Actualidad de la poesía; diarios (Ábaco); relatos (Instante en Lucio Fontana) y una novela, Carta para una señorita griega. Por Terraria, obra por la que recibió el Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere 2005, el catedrático de Literatura Española de la Universidad de La Laguna y poeta Andrés Sánchez Robayna escribió que se trata de una “incursión en el espejo negro de una tierra enigmática: la experiencia, fulgurante y secreta, de una insularidad alucinada.”

-Su vertiente literaria se fundamenta en la creación poética, ¿no es así?

“Bueno, en realidad no sólo escribo poesía. De hecho, escribo más prosa que poesía. Tengo un libro inédito de relatos, estoy a punto de terminar una nueva novela y guardo varios trabajos más escritos en prosa narrativa: artículos periodísticos, diarios, trabajos biográficos, etc. Sin embargo, por motivos que no vienen al caso, he publicado más poesía que prosa”.

-Parafraseando uno de los versos de Horderlin, aunque, eso sí, limando la aspereza en torno a la miseria: ¿Para qué poetas en estos tiempos? Es más: ¿Cómo defendería la posición del poeta en una realidad en la cual, aparentemente, se ha devaluado la sensibilidad cultural en pro de la eficiencia social y económica?

“No creo, sinceramente, que haya que defender la existencia del poeta, a pesar de vivir malos tiempos para poesía. Creo que la poesía es una necesidad para quien la escribe, y también para quien la lee, como alimentarse o abrir los ojos por la mañana. Se dice que si el mirlo no cantara, moriría. El hombre que hay en el poeta moriría si no soñara mediante sus palabras. Tal vez por ello pienso que la poesía es un método de salvación. Antes pensaba que era un método de conocimiento. Ahora, ante la terrible disolución/desilusión de los contenidos, lo dudo. Usted me pregunta ¿para qué la poesía en estos tiempos? He llegado a pensar que la poesía es una cosa antigua que ya no tiene cabida en el mundo actual… Es posible que así sea, y habría que aceptarlo sin rasgarse las vestiduras. A lo mejor somos bellos animales en extinción. Lo pienso porque soy un pesimista nato, pero, me niego a admitirlo porque, en lo que a mí respecta, habría salvación sin la poesía, sin la mía y, especialmente, sin la de los otros. Finalmente, la poesía es una aventura solitaria. Y por otro lado, no me inquieta en absoluto que la sensibilidad cultural se devalúe, pero lo que sí me parece inquietante es que sea el poeta, obnubilado por la eficiencia de la disolución de los contenidos, el que haya perdido toda su sensibilidad para lo sublime en cualesquiera de sus formas”.

-¿Cuándo comenzó esa aventura solitaria? ¿Cuándo surgió el poeta que hay en el hombre?

“Me recuerdo escribiendo desde muy temprana edad, tal vez desde los nueve o diez años. Y no sé muy bien por qué lo hacía. Creo que escribir me ayudaba a conectarme conmigo mismo. Tal vez la entrada de la escritura en mi vida tenga que ver con mi tendencia natural a la soledad. Lo cierto es que continué escribiendo en el bachillerato. Pero escribía, sobre todo, relatos infumables que mis heroicos profesores de literatura corregían. Luego me animaban a participar en los concursos de cuento y poesía del Instituto y ahí dio comienzo otra etapa. Una etapa más pública, por así decir, porque hasta ese momento nadie leía mis escritos, por supuesto, ni mi madre ni padre ni mis amigos. Nadie. Fue una época muy hermosa porque tomé conciencia de que estaba haciendo algo que, de alguna manera, influía en los demás, en personas adultas que se interesaban por mí, que me preguntaban si estaba escribiendo algo nuevo. Fue durante los últimos tiempos del Instituto cuando llegó a mí un nombre que cambiaría mi visión de la escritura y de mi mundo: Arthur Rimbaud. Creo que supe del poeta francés gracias a un libro suyo que me prestó un amigo. Fue un préstamo de larga duración porque recuerdo bien que el libro estuvo conmigo durante años, hasta que un día me obligó a devolvérselo. En esa época otra profesora quiso introducirme en la poesía de la Generación del 50 a través de Ángel González. Imagínese qué shock ¡Yo estaba acostumbrado a Rimbaud! Ambos poetas me parecieron lo más antitético que se podía uno imaginar. Desarrollé un odio patológico hacia toda la Generación del 50 que duró muchos años. Incluido Valente sufrió esa desafección, aunque luego lo leería con tanta fervor que me he vuelto un valentiano. En fin, creo que con Rimbaud dio comienzo esa aventura solitaria, que se volvió aún más solitaria. Quiero decir que a través de la obra y la vida de Rimbaud la poesía para mi se convirtió en una actividad muy seria, arriesgada y profunda. No era un juego, ni un entretenimiento… Era, para decirlo con una expresión que usaba mucho en ese tiempo, una religión”.

-Por lo que he podido observar en su biobliográfia su trayectoria como creador ha estado, en parte, vinculada al entorno de las revistas culturales: Paradiso, de la cual fue, corríjame si me equivoco, fundador y codirector; Can Mayor, Vulcane, ambas dirigidas por usted, y Piedra y Cielo. Pues bien, desde esa perspectiva experiencial que se remonta a mediados de los años noventa: ¿Cómo diagnosticaría el panorama de publicaciones vinculadas a la literatura, el arte y el pensamiento que tienen lugar en la actualidad en Canarias?

“Sinceramente, desde hace algunos años no sigo la vida de las revistas literarias hechas en Canarias, si es que las hay. Como usted y yo sabemos, publicar una revista literaria digna e interesante resulta muy costoso. El antiguo formato en papel ha fracasado y desde hace ya años las revistas han pasado al formato digital. Son baratas, rápidas de publicar y llegan hasta el último rincón del mundo. Son miles y miles de títulos de vida repentina y fugaz flotando en ese plasma difuso y fortuito. Antes una revista en papel era una decantación de materiales: sus editores se veían obligados a publicar los mejores materiales con que contaban. En la Red cualquiera puede editarse una revista digital y colgar el contenido que sea. No hay decantación. Pero no sólo la «decantación» se ha perdido. Para hacer una revista debe existir un grupo de personas con un pensamiento coral ordenado y dirigido hacia una serie de ideas compartidas. Tampoco veo la existencia de esa sensibilidad coral. En fin, como ve, mi visión no es nada halagüeña”.

-Con la siguiente pregunta intentaré adentrarme en su obra, en su forma de crear o, por decirlo de otro modo, en los baremos que utiliza a la hora de encarar o plantear un poema: ¿Escribe con un plan preconcebido, visualizando el poema antes de plasmarlo, o, por el contrario, se entrega a la página vacía y desde ese ámbito comienza a descifrar un texto que ni siquiera se había planteado?

“Me resulta difícil responder a esto. Creo que normalmente escribo un poema después de varios meses y múltiples intentos mentales de abarcar con un par de líneas una idea, una noción vaga, una visión desdibujada, un recuerdo inaprensible, una sensación física… Se me agolpan las palabras en la boca, pero ninguna combinación me resulta exacta, precisa o mágica, de modo que todo queda pospuesto para otro día. Pero de pronto, mucho tiempo después, vuelve la misma idea, aunque ya colocada en un verso que me suena bien. A partir de ahí el poema comienza a gestarse mediante patrones musicales y rítmicos que, naturalmente, de alguna manera, he estudiado con antelación. En cualquier caso me gusta ser el primer sorprendido. Muchas ideas se me han ocurrido conduciendo, no sé por qué. Recuerdo que una vez, de camino a mi casa, mientras manejaba, dije de súbito: «Ojalá yo no sea el Minotauro», que es un endecasílabo. No sabía por qué esas palabras habían surgido así de mis pulmones. Luego caí en la cuenta de que meses antes había visto un grabado de Picasso en el que una niña conducía a un Minotauro ciego. Otros inicios de poemas me han sucedido mientras paseaba por mis espacios favoritos, por las costas del Norte de Tenerife, por ejemplo. Muchos poemas los he escrito o medio escrito durante algún viaje, frente a lugares y personas hermosos que no espera encontrarme. En fin, creo haber timoneado alguno, milagrosamente, pero la mayoría de poemas se impone, a veces con palabras y expresiones que no suponía propias de mi mundo. Eso para mí es fundamental. Si escribo un poema y no me sorprende, con seguridad acabará en la papelera”.

-Su obra Terraria, Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere 2005, ha sido descrita por Andrés Sánchez Robayna como: “incursión en el espejo negro de una tierra enigmática: la experiencia, fulgurante y secreta, de una insularidad alucinada”. Asimismo, al leerla he observado un descenso al infierno, una forma de catábasis que no suele ser muy frecuente en la literatura que se elabora en nuestro archipiélago, una literatura no muy dada a esa violencia expresiva y telúrica que nos entrega nuestro territorio natural y que usted logró plasmar en Terraria. También dice en su epílogo que con Terraria: quedan atrás las obsesiones de ayer, las que acompañaron el mero existir y la meditación. La pregunta es: ¿Cómo se gestó esa experiencia de una insularidad alucinada, esa violencia que el lector puede percibir en Terraria?

“Terraria no se gestó de golpe. No fue un ataque de escritura, todo lo contrario. Entre algunos poemas median hasta diez años. Por tanto es un libro que se fue construyendo aquí y allá, en papeles sueltos. Y poco a poco también fue apareciendo su dibujo telúrico y su violenta resonancia. Lo visualicé por fin cuando vivía en Francia, trabajando como profesor de español. No hay nada como estar fuera del lugar para escribir sobre el lugar mismo. Algunos poemas los escribí allí. Los saqué de la memoria. Otros ya estaban escritos muchos años antes. Cuando caí en la cuenta de que tenía un libro entre manos, no me fue difícil completarlo con algunos poemas nuevos que, animados por la visión de conjunto, no tardaron en surgir. Más tarde un amigo me animó a enviarlo a un concurso, al primer certamen del Màrius Sampere, el conocido poeta catalán, y gané. Y haber ganado el Sampere me condujo a otras personas que a su vez propiciaron otros libros posteriores, como mi novela Carta para una señorita griega. Supongo que Terraria es una reflexión sobre la otra cara del paraíso, sobre el infierno en las islas, o las islas infernales, para traer aquí palabras de Agustín Espinosa o visiones de Isaac de Vega. Terraria va desde la tétrica belleza del desierto insular a los espacios humanos abandonados, desde la destrucción del paisaje a la muerte de las cosas, los animales y las personas, desde la despoblación a la población excesiva… Pero la verdad es que, como me sucede siempre, no me propuse escribir nada parecido. Simplemente surgió”.

-Ahora podemos disfrutar de otro libro suyo, Aspectos de una revelación, ganador de la última edición del premio de poesía Pedro García Cabrera. ¿Podría esbozarnos algunos aspectos de este nuevo trabajo?

-Si no me falla la memoria, Aspectos es un libro escrito en 2004 y prácticamente de un tirón. Tal vez sea el libro más complejo que he escrito hasta el momento. Diría que es una reflexión sobre el verano.

-Para finalizar le realizaré una pregunta que puede resultarle algo embarazosa: ¿Qué piensa de ciertos cenáculos críticos que opinan que la poesía canaria se encuentra desacompasada con respecto a los tiempos actuales, como si en este espacio se creara atendiendo más a un pasado caduco que un presente enjundioso y prometedor?

“Oscar Wilde decía que en Inglaterra se había escrito gran poesía a consecuencia de que nadie la leía… En Canarias sucede algo similar. Nadie se interesa por nuestra poesía y por eso opino que en Canarias se escribe gran poesía, es decir, una poesía excepcional. Si nos hallamos desacompasados, pues tanto mejor. La poesía debe acompasarse con los ritmos órficos, con los pulsos de lo invisible, con los nombres de los mitos. Al poeta no debe interesarle el espectro huero de la actualidad o la modalidad”.

[apunte]


Escribir poesía

“Creo que normalmente escribo un poema después de varios meses y múltiples intentos mentales de abarcar con un par de líneas una idea, una noción vaga, una visión desdibujada, un recuerdo inaprensible, una sensación física… Se me agolpan las palabras en la boca, pero ninguna combinación me resulta exacta, precisa o mágica, de modo que todo queda pospuesto para otro día. Pero de pronto, mucho tiempo después, vuelve la misma idea, aunque ya colocada en un verso que me suena bien. A partir de ahí el poema comienza a gestarse mediante patrones musicales y rítmicos que, naturalmente, de alguna manera, he estudiado con antelación. En cualquier caso me gusta ser el primer sorprendido. Muchas ideas se me han ocurrido conduciendo, no sé por qué. Recuerdo que una vez, de camino a mi casa, mientras manejaba, dije de súbito: «Ojalá yo no sea el Minotauro», que es un endecasílabo. No sabía por qué esas palabras habían surgido así de mis pulmones. Luego caí en la cuenta de que meses antes había visto un grabado de Picasso en el que una niña conducía a un Minotauro ciego. Otros inicios de poemas me han sucedido mientras paseaba por mis espacios favoritos, por las costas del Norte de Tenerife, por ejemplo. Muchos poemas los he escrito ¿o medio escrito? durante algún viaje, frente a lugares y personas hermosos que no espera encontrarme”.

[/apunte]