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Franco > Miguel L. Tejera Jordán

   

Les supongo al tanto del proyecto de sacar los huesos de Franco de El Escorial para llevarlos a El Pardo. Personalmente, me importa un higo pico que sus huesos sigan en el Valle de los Caídos, vayan a los Picos de Europa o a las islas Chafarinas. Franco está muerto y bien muerto y bien haríamos los ciudadanos en dejarlo descansar, aunque sin olvidarlo. Creo que a los muertos, a todos los muertos, hay que dejarlos tranquilos porque, por malos o buenos que hayan sido, nada puede hacerse ya por ellos, ni con ellos, salvo llevarles flores a sus tumbas, o encenderles cirios. Al que le plazca… Franco y el franquismo deberían ser, en pleno siglo XXI, una cuestión de historia y para la Historia. Lo que quiero decir es que el golpe de Estado del 36, la guerra civil subsiguiente y la represión que se instaló en España desde 1939, en adelante, deben ser acontecimientos a circunscribir, en este año 2011, en el ámbito de la historia: de la investigación y la enseñanza de la Historia, con mayúsculas. Tengo para mí que la II República, Franco y el franquismo, deben estar en las páginas de los libros, en los ensayos y tesis doctorales de los investigadores universitarios, en las bibliotecas y archivos, en las aulas de las escuelas y de las universidades, en los foros profesionales que revisan los tiempos pasados. Creo que estos temas no deben convertirse en prime time de los telediarios, de los noticiarios. Personalmente, estoy harto de que hablemos siempre de la España de nuestros abuelos. Cuando a estas alturas deberíamos estar hablando de la España de nuestros nietos. Quiero vivir, de una vez por todas, en la España del presente; si acaso especular con la España del futuro.

La España de los abuelos que ya murieron, o de los que continúan vivos, aunque viejecitos, no debe caer en el olvido, nunca, es cierto; pero tampoco podemos convertirla en el tema recurrente de nuestras conversaciones de cada día. Hay que encontrar los muertos que están perdidos, por supuesto. Hay que darles sepultura para que se les pueda honrar debidamente y para que sus familias duerman por fin en paz, tras la certificación de cada hallazgo. Nada que objetar al respecto. Pero, por lo demás, aquí hay que ponerse las pilas y manos a la obra, para resolver el gravísimo problema del desempleo, la penuria en que se hallan sumidas millones de familias. Tenemos que encontrar soluciones al crédito que no circula, al consumo que no se activa, al trabajo que no se genera, a la pobreza que se adueña de la sociedad, al desencanto de la ciudadanía. E impedir que Franco se convierta en un garbanzo (negro) entre los fideos de nuestra sopa. Hay que trabajar por la prosperidad de nuestras gentes. Y hay que recordar el pasado, por supuesto, pero en sus justos tiempos y en sus justos límites. No puede ser que hablemos cada dos por tres del caudillo que ya está muerto, ni de los crímenes de Paracuellos en los que pudo verse mezclado Carrillo, que aún vive. Esta tiene que ser la sociedad de las niñas y niños que se levantan cada mañana para ir a la guardería, a las aulas de Infantil y Primaria; o la de los adolescentes y jóvenes que se preparan en la enseñanza secundaria, la formación profesional o las universidades. ¡Qué caramba! Esta tiene que ser la sociedad que canta victoria con cada gol de la Selección. Tiene que ser la España de la tolerancia y el respeto por todas las ideas, políticas o religiosas. Hay que comprar la pechuga de pollo, reírse con José Mota y, por descontado, votar por quienes elijamos el día 20 de noviembre. Y comer y dormir, sin tener encima de la mesa, a todas horas, las jodidas y más bien tenebrosas andanzas de Franco y sus acólitos.