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Gritos de indignación > Jorge Bethencourt

   

Algunos de los eslóganes de los indignados son el resumen de una clara filosofía. Que paguen la crisis los culpables. Europa de gente, no de mercaderes y los ricos tienen que pagar. Vamos a ver. La crisis la están pagando los culpables, o sea nosotros. Primero porque fuimos los que vivimos muy por encima de nuestras posibilidades y recursos, los que pedimos créditos y compramos a mansalva. Y porque los que nos gobernaban, como nosotros mismos, presos de la fiebre del oro, pidieron dinero prestado fuera de nuestro país, emitiendo letras y bonos del Tesoro Público, vendiendo a pedacitos nuestro futuro e hipotecando España como nosotros hipotecamos el piso. Los que estamos ahora en este pozo, incluídos los indignados que salen a la calle, somos descendientes de pueblos de mercaderes. Porque el mercadeo, entendido como el intercambio comercial, es lo que construyó la prosperidad de nuestros países y desde luego de Canarias. Europa no es hoy la tierra de los mercaderes, sino de las subvenciones, de las ayudas a la agricultura, a la industria, al transporte, a la ultraperiferia…a la gente.

Y por último, decir que los ricos tienen que pagar la crisis puede resultar consolador, pero es hacer el canelo. Los ricos pagan impuestos conforme a las escalas progresivas de nuestro sistema fiscal. Y como la riqueza está concentrada en muy pocos, es difícil que puedan absorber los costos de este gigantesco pufo. Podríamos proponer, directamente, asaltar sus chalés de lujo, sus grandes propiedades y sus fondos bancarios. Y robarles la pasta. Pero como eso no va a ser suficiente, de paso podríamos hacer lo mismo con gobiernos, burócratas y banqueros, públicos y privados, que han sido los que han tomado nuestro dinero a la fuerza -vía fiscalidad al trabajo, al consumo y a la actividad empresarial- y han gestionado tan mal nuestro futuro. Acabemos, pues, con los gobiernos democráticos, con la propiedad privada, la seguridad jurídica y este mal llamado Estado de derecho, para edificar otra cosa sobre los restos humeantes de esta crisis. Creemos, por ejemplo, una sociedad nueva, donde no haya ricos, ni orondos banqueros, donde la propiedad sea colectiva, donde todos los ciudadanos tengamos trabajo y viviendas dignas e iguales, donde la administración pública esté en manos del pueblo y las asambleas populares… Claro que no sería nueva. Desenterremos el gran fracaso, el cadáver putrefacto del comunismo, ahora que vamos a sacar los huesos de Franco del Valle de los Caídos, y volvamos a los viejos tiempos. Si señor. Me apunto.

@JLBethencourt