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Hacernos el griego > Jorge Bethencourt

   

En estos días nos estábamos jugando el futuro de Europa. Y el partido ha terminado en empate. Es decir, en que aún no se conoce el resultado final. Mientras aquí nos ocupan y preocupan los asuntos evanescentes de ese referéndum del 20-N, el futuro del euro está colgando de un hilo cada vez más delgado. Porque el euro es la Unión Europea. Y porque el fracaso de la moneda común y su caída tendrían unas consecuencias apocalípticas.

La decisión de rebajar la deuda de Grecia en el 50% supone que los bancos europeos que tienen fondos comprometidos con deuda soberana griega tendrán que capitalizar sus pérdidas. De los cien mil millones de euros totales, a los bancos españoles le tocan unos 26.000. Tienen ocho meses para capitalizarse hasta un 9% de reservas. Y como tienen la instrucción de hacerlo en el mercado privado, eso va a significar aún menos dinero para los ciudadanos, las empresas y la economía. O lo que es lo mismo, que para salvar el tinglado del euro, de la Unión Europea y la bancarrota griega, la troika (Banco Central Europeo, Comisión y FMI) entrega a los ciudadanos a las fauces de otro nuevo enfriamiento económico.

Probablemente no haya otro camino (salvo el de permitir que Grecia salga del euro, donde, según algunos expertos, no tendría que haber entrado), pero la sensación que dan los responsables europeos es que van combatiendo la crisis de los estados siempre por detrás de los acontecimientos; a remolque de la realidad. Como segunda derivada, la UE se enfrenta a la inexorable decisión, a medio plazo, de concentrar sus esfuerzos en la lucha contra las crisis de la deuda soberana. Y aunque hasta el 2014 todo está “atado y bien atado” para los territorios menos favorecidos de la UE (al menos eso creen algunos), yo me temo mucho que habrá recortes.

Es verdad que, si cae la zona euro, algo comparable en términos económicos a una tercera gran guerra europea, la pérdida de ayudas será el menor de nuestros problemas. Pero, en el contexto actual, que se esfume parte de nuestra renta compensatoria equivale a un descabello definitivo de la economía de la hacienda pública canaria y de algunos sectores productivos cuya pervivencia se sostiene en las muletas de la ayuda pública. No somos griegos, pero si las cosas son así -y tienen pinta de serlo- vamos a terminar casi tan mal como ellos.

@JLBethencourt