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Hambre y dignidad > María Montero

   

Y en cierta ocasión un proverbio chino apuntó: “El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Siglos más tarde, Einstein lo reiteró, y si esta afirmación fuera científicamente probada, ¿qué creen que sucedería en el mundo?: ¿comenzaríamos una caza y captura indiscriminada de insectos de colores capaces de provocar movimientos de tal magnitud? Y si tal acción es capaz de iniciarla la naturaleza, ¿de qué proezas no seríamos capaces los seres humanos? Y es que hice una profunda reflexión sobre desequilibrios y equilibrios humanos, y sobre sus mecanismos de compensación, y ojalá se solucionara todo con un simple aleteo… Vivimos un nuevo retorno al curso escolar de nuestros hijos en Europa, pero no todos los niños del mundo pueden decir lo mismo, o no en las mismas condiciones. La infancia tiene fragilidad, aunque es poderosamente fuerte y a la vez digna, para recibir acontecimientos no siempre felices, sostenerlos y manejarlos como si del mundo adulto se tratase, aunque se pague un precio muy alto por ello: el injusto robo de la infancia. Mientras los niños europeos padecen de obesidad o anorexia, los menores africanos, asiáticos o andinos son desnutridos crónicos y agudos de nacimiento, y cuando los acunas en tus brazos, una simple mirada de ellos te desata la erupción de un volcán en el corazón. Mientras nos despertamos cada mañana pensando en la caída de la bolsa europea o en el matrimonio económico Merkel-Sarkozy, o intentando recuperar la confianza en el estresado dólar, millones de personas a diario se preguntan por la esperanza de vida de sus hijos, y si están vivos, y si son niños trabajadores… Entre ellos, muchos ya son víctimas de la llamada explotación infantil. Hay claridad de que a cada uno de nosotros, dependiendo del ámbito cultural, económico y geográfico donde residamos, nos aprieta el zapato por diferente sitio, y eso es reconocible, pero el hambre y la dignidad, estimo, siempre han de caminar de la mano en todos los seres humanos. ¿O no les parece duro perder a un hijo por no poder alimentarlo?, ¿o vender a un hijo, entregarlo a un orfanato, prostituirlo, abandonarlo? Estamos hablando de recuperar el equilibrio para nuestra sociedad, países comprando deudas económicas de otros países, reformas de textos constitucionales, pactos políticos, austeridad bancaria, pero ¿en qué contexto tratamos de resolverlo?, ¿acaso Europa está sola ante la crisis?, ¿Europa es la única afectada por el miedo económico?… Países como España, Grecia, Italia o Portugal ¿son dependientes económicamente de Alemania y Francia? ¿Cuánta dignidad económica vamos a necesitar para aprender esta lección? Y a su vez ¿los países del resto del mundo, en vías de desarrollo, son dependientes de que los euros y dólares superen el naufragio? La verdad, no se si habría mariposas suficientes en el planeta para provocar tal equilibrio necesario, pero quizá ya sea tiempo de que Europa reconozca que hay que cambiar de zapatos, de camino o de espejo donde mirarse. Y recordemos que en diferentes países el salario “anticrisis” por día y menor trabajador suele ser un dólar. Es entonces cuando pienso en el aleteo de la vida de todos estos niños, niños de diversos lugares del mundo que quizá han llamado nuestra atención y han puesto en jaque a la economía mundial, con un simple y contundente aleteo. Y lo mejor de todo es que hasta el niño más triste de la tierra es capaz de sonreír. Veremos si Europa está a la altura.

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