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Incorrecciones > Alfonso González Jerez

   

Un grupo de activistas prosaharauis interrumpe el mitin del candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba en La Laguna. Es ya una vieja, entrañable tradición que ignoro por que no está recogida ya en alguna copla popular: “En Santa Cruz venden flores,/ en La Orotava bubangos/ y en La Laguna yo vide/ saharuis zarzaleando”. Cada vez que se designa a un candidato presidencial socialista los saharauis avecindados en Tenerife comienzan a salivar de entusiasmo. Un reflejo pauloviano que, curiosamente, jamás se pone en marcha con candidatos del PP o de CC. Nada de comunicados, ni ruedas de prensa, ni solicitud de entrevista ni leche: uno entra en el mitin, se sienta estratégicamente – por ejemplo, entre dos madres con niños alrededor, para que el desalojo cueste más – y empieza a berrear en el momento oportuno. No se trata de una legañosa grosería, por supuesto, no intentas reventar un acto de un partido democrático en cuya laboriosa organización han intervenido docenas de personas, obviamente, sino que estás ejerciendo tu sagrado derecho a la libertad de expresión, y si ese ejercicio conculca el de otros, da lo mismo, porque tu causa es justa y necesaria. Si el PSOE -como suele ocurrir – no cuenta con un servicio de orden profesional y son los propios militantes los que se encargan de sacarte de la sala, mejor, que así les llueve más mierda sobre la cabeza. El deber de los activistas consiste en negarse a abandonar el recinto y a patalear lo suficiente para que las cámaras graben su hazaña. En quince minutos el trabajo ya está hecho. A las pocas horas nuestra maravillosa izquierda se indigna – hoy en día una izquierda que no se indigne no es nada – y enseguida llega un comunicado de Sí se puede, por ejemplo, exigiendo la dimisión de Javier Abreu como secretario general del PSOE de La Laguna, porque atacó vilmente con el hombro el puño cerrado de un saharaui que quería escuchar las propuestas de Pérez Rubalcaba en política internacional.

El personal sanitario se indigna. No por las cuchufletas del presidente Paulino Rivero sobre los miles de médicos que ganan más que él ni por la idiotez de la consejera de Sanidad sobre la creación de plazas ya existentes, sino por el turbio propósito gubernamental de que trabajen 25 minutos diarios más. ¿Por qué tengo yo que pagar la crisis? ¡Que trabajen más los que salen en Inside Job! Las izquierdas se indignan de nuevo; lo suyo es un sinvivir. ¿Que en Suecia los funcionarios trabajan 3 horas semanales más desde 2008? En Suecia no tienen playas, anda ya.

Una limosnita. Una viejita (indignada, claro) en la parada del tranvía. “Firmen, firmen ustedes para que los políticos le den la paga de Navidad a los pobres”. Lo juro. Lo ví ayer. La viejita. La leche.