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Indefensos > Verónica Martín

   

La indefensión más absoluta se produce en tu condición de enfermo. Nadie puede sentirse más aterrado que cuando, vestido con una casi humillante bata atada por atrás, te hacen sentarte en una camilla porque tus piernas no responden. Esas piernas que te llevaron a clase, a tu primera discoteca, a sentarte en aquel bar donde conociste a uno de esos amores eternos, a ganar la medalla de atletismo que se quedó para siempre colgada detrás de la puerta de tu cuarto en casa de tus padres… Esas piernas ahora deben ser trasladadas porque no tienen fuerza para andar. Es la mayor de las indefensiones.

Indefensa y hasta avergonzada te sientes cuando mimas el ser que llevas dentro. Sabiendo, con la cabeza, que millones de personas han tenido hijos antes que tú pero sintiendo, dentro de ti, que ese momento es tan único e inesperado que cualquier pequeño dolor se convierte en signo de alarma. La inexperiencia unida con el inmenso amor a lo que aún no conoces pero es lo más importante de tu vida, te convierte en vulnerable. Luego, la vulnerabilidad se torna en temor ante la revisión mensual del bebé en sus primeros meses cuando la duda sobre lo que se está haciendo bien o mal es constante.

Los momentos más delicados de tu vida son cuando tu cuerpo deja de responderte. No lo entiendes y no lo dominas. Cuando caes enfermo. Es entonces cuando hay personas que te ayudan a subirte en la camilla, te sonríen ante las dudas, por muy tontas que sean, y te animan. Son los sanitarios. Personas que se convierten en el bastón de tu indefensión.

En la relación con la sanidad hay experiencias de todo tipo. Desde profesionales a los que solo interesa cobrar horas extra y casi no miran a la cara a los usuarios hasta gente que se desvive a pie de cama por su paciente sin pedir nada a cambio.

La generalidad es lo segundo. Hombres y mujeres que creen que el mundo puede mejorar gracias a su implicación. Que se forman para dar la mejor calidad asistencial a sus clientes: sus pacientes. El mundo sanitario está ahora un tanto revolucionado por los recortes que el Gobierno les impone. La sonrisa del enfermero que te indica cómo ponerte la insulina; el ánimo del fisioterapeuta que te ayuda a recuperar un hombro herido; el cariño del pediatra hacia tus hijos; el amor con el que los técnicos de diálisis te informan de que se ha acabado la sesión… Todo eso los convierte en los mejores escuderos de la indefensión. Gracias.