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Justicia poética > Luis Alemany

   

Un juez de esta capital sufre la amenaza de ser expedientado por redactar una sentencia en verso: algo que ya había realizado con anterioridad, produciendo también entonces el consiguiente escándalo en los ámbitos forenses, tal como recuerda uno haber leído en la prensa, en aquella ocasión; por lo cual no resulta extraña la repulsa a tal respecto de los estamentos judiciales, que no suelen caracterizarse por su afición a la lírica, su carácter innovador o su sentido del humor; aunque no queda más remedio que reconocer que posiblemente el verso no sea el recurso estilístico más adecuado para redactar tales textos.
Reconoce uno que no puede dejar de sentir simpatía por este vate togado, a pesar de su heterodoxia (o -tal vez- por ella), ya que su actitud me ha hecho recordar un documento similar escrito por quien esto firma, cuando era profesor de Literatura en la Universidad de La Laguna (por extraño que le parezca a alguien, puedo presentar documentos que lo confirman), y se planteó cubrir una plaza docente, a la que aspiraban dos amigos, por lo que la Junta de Contratación -tras reuniones más que premiosas- solicitó un “informe razonado” de cada uno de sus miembros; lo cual me pareció una gilipollez de tal magnitud que escribí el informe en un ovillejo (una de las estrofas más complejas de la métrica castellana) que decía: “Para el puesto al que se accede / puede / -sin que se note desfase- / dar clase, / de igual honrosa manera / cualquiera / de los que están a la espera. / Opino -con fundamento- / que en este departamento / puede dar clase cualquiera”.
Todas las comparaciones son odiosas, y tal vez posea menos importancia un informe de departamento universitario que una sentencia judicial; a pesar de lo cual a uno le resulta significativamente alarmante que el Poder Judicial le recrimine a esta sentencia rimada no ceñirse (cito literalmente) “al patrón normal”, porque piensa uno que remitirse a un supuesto patrón normal -de cualquier cosa- es tanto como renunciar al enriquecimiento de la cultura, encerrándola en una inquisitorial frontera imposible de rebasar: algo así como si las artes plásticas hubieran establecido que el “patrón normal” lo constituyeran los garabatos de las cuevas rupestres, lo cual nos hubiera impedido disfrutar de la Las meninas: bienvenidas sean las sentencias rimadas, siempre que las limitaciones de métrica y rima no les resten eficacia, y siempre también -claro está- que no contengan ripios.