X
MEGÁFONO > SAN ANTONIO

La Casona, referente en el olvido

   

En 2005 se barajó la posibilidad de situar en este inmueble el Museo Arqueológico Municipal. / MOISÉS PÉREZ

LUIS F. FEBLES | Puerto de la Cruz

En el barrio portuense de San Antonio, asoma desde su lado este uno de los referentes históricos más importantes de Puerto de la Cruz. Ligado de forma inexorable a la memoria de la ciudad, la llamada casona de San Antonio, por su ubicación en este barrio, o casa Tolosa, en recuerdo de sus últimos propietarios, permanece desde hace años sumida en el abandono y en el letargo más absoluto.

Sustentada mediante vigas de hierro para evitar su desprendimiento, permanece en un alarmante estado de abulia ante la pasividad de las instituciones locales, encargadas de velar por la conservación de una parte de la historia del municipio.

De propiedad municipal como consecuencia de la urbanización de la zona, este inmueble ha sido objeto de numerosos proyectos que no han propiciado una rehabilitación real de este edificio, esfumándose en el tiempo.

En el año 2005, la Comisión de Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife dio el visto bueno al anteproyecto de rehabilitación de la Casona, para situar en este inmueble el Museo Arqueológico Municipal. Con esta intención, se preveía eliminar todos los añadidos existentes en el interior de la edificación y rehabilitar la techumbre, la carpintería, la instalación eléctrica y los jardines de la propiedad.

Finalmente, una escuela taller reacondicionó de forma parcial el inmueble, rehabilitándose solo la ermita. Actualmente el edificio ha quedado a medio rehabilitar y hasta el momento no ha habido ningún proyecto contundente y riguroso para este emblemático recinto. La propiedad se completa con la la antigua ermita, la plaza y un solar anexo, que en su momento se planeó como posible edificio de servicios complementarios.

Aparte de la importancia arquitectónica de la casona, la ermita tiene para el barrio de San Antonio un valor sentimental de primer orden, ya que era el lugar tradicional en el que se celebraban las fiestas patronales.

La familia Blanco

Este inmueble fue testigo, en el siglo XVIII, de las idas y venidas de una de las familias más ilustres de Irlanda, los Blanco. Uno de sus moradores más relevantes fue Nicolás Blanco (White), primer alcalde real del Puerto de la Cruz en 1771. Esta familia, comerciantes de procedencia irlandesa, tenía su residencia principal en la Casa de Ventoso, en Puerto de la Cruz, en el inmueble que acogió durante el siglo pasado el colegio de Los Agustinos. La Casona de San Antonio la utilizaban de segunda vivienda o casa de recreo en las afueras de la ciudad. Se trata de una edificación de arquitectura tradicional canaria de dos plantas, con un muro de cerramiento almenado, inusual en la época.

En el ala este del edificio tenía adosada la ermita, en la que como cuenta el antiguo cronista portuense Antonio Ruiz Álvarez, “se guardaban varios pinturas de gran interés de los artistas Domingo de Baute y José Tomás Pablo”.

Según escribió Ruiz Álvarez, el alférez Antonio José Borges y su esposa María Perera, fundaron a mediados del siglo XVIII la ermita de San Antonio de Padua, en el lugar conocido por Los Sitios, en lo que hoy es el barrio San Antonio.

Terminada la construcción de la ermita se hizo la plaza, adornada con grandes álamos y varios cipreses, que en la actualidad no existen. Dos nietas de los fundadores, monjas en el convento catalino de la Villa de La Orotava, vendieron toda la finca a Nicolás Blanco, incluyendo la ermita con su patronato y los utensilios destinados al culto.

A partir de 1777 este comerciante se ocupó en la fabricación de la hacienda y la casa, aumentando la capilla mayor y levantando los muros de la ermita.