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OPINIÓN > SERGIO MATOS CASTRO

La ciudad y el mar > Sergio Matos Castro

   

Es evidente que Santa Cruz de La Palma es una urbe con una honda tradición marítima. La importancia histórica del puerto es una de esas señas tan profundamente arraigadas en nuestro acervo cultural; aquí, en 1564 se creó el primer Juzgado de Indias de Canarias cuando nuestra rada era una de las más transitadas de su tiempo. La construcción naval ha sido otro de los fundamentos en el devenir oceánico. Desde el siglo XVI existe constancia de la construcción de buques, una brillante etapa coronada en el Ochocientos con la botadura de más de cien embarcaciones de diverso tonelaje; incluso, cabría recordar algunos de aquellos modelos navales, premiados en exposiciones internacionales. El mar ha sido, asimismo, una fuente imprescindible en la actividad primaria. Aún hoy, la pesca constituye un importante recurso económico. Por último, el océano ha sido cauce por donde han penetrado en la geografía insular ideas, libros y viajeros de la más diversa índole.

Pero el mar ha sido también un horizonte incierto marcado por el drama de la emigración. En épocas de escasez, miles de palmeros tuvieron que salir a buscar mejores perspectivas más allá de nuestras líquidas fronteras. Afortunadamente, en la actualidad las condiciones socioeconómicas nos brindan un panorama mucho más estable. En este sentido, debemos redescubrir este universo marino ofreciéndolo tanto a paisanos como a foráneos. Hoy en día el litoral capitalino se ha convertido en una prolongación del propio territorio municipal y se mantiene abierto a la pesca, los deportes náuticos, el turismo o el simple disfrute ciudadano.

No cabe duda que la puesta en marcha durante las últimas décadas de varias iniciativas ha permitido un acercamiento más efectivo al océano. En cierta manera, dicho contacto fue solapado con la construcción de la avenida marítima (desde la década de 1950), las sucesivas ampliaciones del puerto o la dedicación de una parte del frente marítimo a zona de aparcamientos. En fecha más reciente las cosas han cambiado. Así, la fundación de la Escuela Insular de Vela por el cabildo insular, el acondicionamiento del dique portuario convirtiéndolo en un espacio aprovechable para el ocio urbano y la dedicación de una parte del muelle de ribera como ensenada deportiva han sido síntomas de ese reencuentro con el Atlántico.

El pronto inicio de la nueva playa abrirá aún más la ciudad a su elemento más sustancial. Con ello Santa Cruz de La Palma recuperará su frente de un modo más armónico y en consonancia a como lo fue a lo largo de su historia: en contacto directo con el mar. Pero no sólo el proyecto de la playa debe mantener nuestra atención. Junto a esta infraestructura cabría sumar otras posibilidades de similar relevancia aún no lo suficientemente difundidas. Entre las mismas deben subrayarse la ponderación de Santa Cruz de La Palma por las decenas de miles de cruceristas que nos visitan cada año como la escala mejor valorada del archipiélago canario; ello, según una encuesta que realiza la Autoridad Portuaria. Además, la bahía capitalina dispone de uno de los mejores campos de regatas de las islas para la práctica de la vela deportiva; la abundancia de viento y la escasez de oleaje desembocan que la zona de Maldonado sea un lugar ideal para el entrenamiento y competición de esta modalidad olímpica. Por último, cabe esperar el desarrollo de la Marina, cuya demanda de amarres aumentará con el transcurso de los años como así ocurre en el resto de instalaciones similares. En definitiva, nos encontramos ante un conjunto de posibilidades turísticas, deportivas, comerciales, sociales o ambientales, que desde todos los ámbitos (institucional, empresarial y ciudadano) debemos explorar.

El escritor y emigrante Félix Duarte, en su poema “Oda a Santa Cruz de La Palma”, incluyó una estrofa en la que apuntó líricamente “La luz de sugestivos horizontes / fue para ti un auténtico presagio / de esperanza y de fe en el porvenir”. Esos horizontes marinos evocados por el poeta deben servirnos como estímulo para consumar ese reencuentro entre la ciudad y el mar.

Sergio Matos Castro es Alcalde de Santa Cruz de La Palma