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La importancia de la salud mental > Aurelio Abreu*

   

Dice el tópico que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y en el caso de la salud mental, el tópico lleva toda la razón del mundo. Recientemente celebramos en el Cabildo una Mesa Redonda sobre Salud Mental, en la que estuvieron presentes diversas entidades que trabajan en pro de las personas con trastornos mentales, agrupadas en torno a Feafes, en la que se engloban asociaciones de todas las Islas, como las tinerfeñas Afes y Atelsam, o El Cribo, Afaes, Afesur, Afem y Asomasamen, procedentes del resto de Canarias, así como el Comité Nacional. A todos ellos debemos dar las gracias, no sólo por su tenaz trabajo diario, sino también por habernos invitado a una jornada tan importante.
Tuve el honor de pronunciar unas palabras ante el público congregado en esta jornada, y en ellas quise acordarme de las familias, ya que no hay duda de que cuando un diagnóstico de enfermedad mental entra en un hogar, éste corre el serio riesgo de desintegrarse, de caer en un desánimo y una devastación que serían irreversibles si no existieran las entidades dedicadas a integrar, informar, concienciar y tratar a los enfermos mentales. Las familias, tras este primer impacto, viven con la impotencia de no saber qué hacer con ese familiar, de no saber cómo ayudarle, cómo encarar la alteración de las rutinas que esa novedad supone. Y sin el respaldo de entidades como Afes o Atelsam, esa oscuridad a la que se enfrentan las familias no tendría salida posible.
Por eso, estoy firmemente convencido de que las Administraciones no pueden dejar de respaldar, por dura que sea la situación general, la labor de las asociaciones que trabajan a favor de la salud mental, porque desempeñan un papel que no se limita a los enfermos y a sus familias, sino que repercute en toda la sociedad, en la medida en que ayuda a derribar barreras, a liquidar estigmas y prejuicios derivados de tantos años en los que la enfermedad mental era un asunto feo que se escondía en la privacidad del hogar, que no salía de las cuatro paredes de casa porque causaba vergüenza. Ese encierro derivaba en un círculo vicioso de dolor y tristeza que, por suerte, hoy en día hemos logrado romper.
En mi breve discurso no quise dejar de mencionar a un colectivo cuya salud mental ha de ser una especial preocupación de todos: los niños y jóvenes. La psiquiatría infanto-juvenil debe ocupar un lugar preeminente en las políticas de prevención y atención que desarrollen los poderes públicos, puesto que se trata de un grupo de la población singularmente vulnerable, y velar por su bienestar es una obligación que, como sociedad, no podemos obviar ni relegar a un segundo plano. Por tanto, es esencial apoyar la investigación, para tener un más amplio conocimiento de las patologías que afectan a los niños y adolescentes, así como respaldar las actividades conducentes a prevenirlas y a dotarles de las herramientas para que ellos mismos sean los primeros guardianes de su propia salud, por ejemplo, enseñándoles a decir de forma rotunda “no a las drogas”, desencadenante habitual de trastornos psíquicos.
Promover una mayor salud mental, y atender debidamente a quienes padecen trastornos y a sus familias es un compromiso irrenunciable del Cabildo Insular de Tenerife y del Área de Bienestar, Sanidad y Dependencia. Sólo quienes se ven atrapados en la oscuridad de un trastorno, y quienes les quieren, saben lo dura que es una situación así, y lo vital que puede llegar a ser el respaldo de las instituciones públicas.

*Vicepresidente segundo y consejero de Bienestar, Sanidad y Dependencia del Cabildo de Tenerife