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La manzana que cambió nuestras vidas > Vicente Álvarez

   

Mi relación con la informática comenzó hace unos quince años, y con Apple, en concreto, hace unos nueve. Adquirí un iPod de primera generación para sustituir un tosco disco duro de Creative que parecía el hermano pequeño de un tragadiscos, aquellos de nuestra niñez.

El iPod te cabía en el bolsillo y tenía capacidad para mas de 1.000 canciones, tres veces más que el otro. Aparte de la diferencia en la calidad del sonido, era fácil de manejar y sobre todo tenía un diseño que enamoraba a primera vista. A partir de ahí me sentí atraído por cualquier aparato con el logo de la manzana mordida.

Al cabo del tiempo, me planteé aventurarme en los ordenadores Mac. No era una decisión sencilla porque tenías que cambiar los esquemas que tenía uno aprendidos de informática, que no eran muchos, y empezar de cero en un sistema operativo totalmente distinto.

El mejor banderín de enganche, sin duda, era el hecho convenientemente difundido por cualquier usuario de Mac de que no era necesario el coñazo de un antivirus porque el sistema operativo era tan bueno que no lo necesitaba. A día de hoy, cuando escribo estas líneas, puedo atestiguar que no uso antivirus, que mi Mac no se cuelga y que el sistema operativo es tan sencillo que cuando tienes un problema o duda sólo tienes que pensar cómo lo haría la mente de un niño de 7 años. Nadie cercano a mi pudo imaginar nunca que un torpe como yo pudiera llegar a editar vídeos o a diseñar y publicar páginas webs; por cierto, www.bufetealvarez.es, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. El iPod fue generando posteriores versiones y parecía que cuanto más pequeño mejor se oía y más música podía almacenar.

Y entonces llegó un momento clave. A Jobs se le ocurrió mezclar en un solo dispositivo un teléfono, un iPod y el acceso a internet. Sin teclado, para que hubiera más sitio para la pantalla y sin lápiz, pues era táctil. Y todo eso te cabía, otra vez, en el bolsillo. Si ven en YouTube la Keynote (presentación) del primer iPhone (2007), podrán observar la cara de bobos que se les quedó a los allí presentes. Todo estaba inventado, pero a nadie se le ocurrió unirlo en un solo dispositivo y hacer que su manejo fuera sencillo para el usuario común.

Por eso la muerte de Jobs ha sido un palo; ha muerto el tipo que nos metió internet en el bolsillo, el que hizo presente lo que creíamos que sería el futuro.

Yo no concibo la vida sin internet y no es una afirmación gratuita: mi vida cotidiana se sustenta en ese recurso que me mantiene informado, facilita mi trabajo y me procura también ocio. Y todo eso en la palma de la mano.

Lo que no consigo averiguar es de qué forma el cuadro de la manzana de Magritte pudo inspirar, por un lado a Steve Jobs, y por otro, a los Beatles, dos iconos que han marcado mi existencia, y cómo ambos se obstinaron en llamar manzana a sus ingenios.

Sin embargo, la coincidencia me parece mágica y ahora que tengo el estómago medio raro, voy salir corriendo a Mercadona para hacer efectivo el refrán inglés “an Apple a day keeps the doctor away”.