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La pelea por Tenerife > Francisco Pomares

   

Despejadas en Tenerife las candidaturas electorales para el 20-N, lo del Senado se pone singularmente reñido. Y no porque no esté claro lo que va a ocurrir, que aquí gana siempre quien gana en toda España.

Lo que tiene de reñido no es el resultado: parece obvio que el PP logrará más votos al Senado. La duda es si la campaña se salpicará de recados, indirectas y ajustes de cuentas entre Alarcó y Melchior.

La relación entre ambos se rompió definitivamente en los días previos al funeral por la consejera popular Tita Díaz, exalcaldesa de Güímar.

Cuatro años atrás, la cordialidad se había deteriorado muchísimo, como consecuencia de la muy ajustada victoria de Alarcó en el Senado en las Generales de 2008, y la cosa se agravó aún más cuando Alarcó intentó cerrar con el socialista Aurelio Abreu una moción de censura para desalojar de la presidencia a Melchior.

Se dice -lo dice Alarcó a todo el que se le pone a tiro- que la misma noche electoral Abreu cerró con él una mayoría entre el PP y el PSOE, que se rubricó en un documento. Hay quien sazona el asunto contando que se firmó el acuerdo en una servilleta de bar, pero la verdad es que nadie ha visto esa servilleta.

Quizá Alarcó la olvidó en el bolsillo de la camisa y acabó desecha en la máquina de lavar pactos de Ferraz. Al final, Abreu hizo lo que tocaba, pactó con Melchior, y ahí siguen, parece que currando al alimón y sin alharacas, en la tónica de ausencia de encelamientos y protagonismos marcada por José Miguel Pérez para todos los suyos. La tentación herreña de los socialistas tinerfeños no llegó a lado alguno.

Cerrado el pacto con Melchior y convertido en el primer vicepresidente socialista en casi dos décadas de democracia insular, Abreu es también hoy el tercero en discordia en las listas al Senado.

Compite por la plaza más con Melchior, su presidente, que con Alarcó, que lo tiene seguro. Vuelven a medirse el presidente del Cabildo y su segundo por un escaño cortesano en la plaza de la Marina Española.

Pero no se engañen: aunque la pelea por la silla sea de verdad entre Melchior y Abreu, la que va a hacer ruido será la otra, la vieja bronca entre Melchior y Alarcó. Porque no se tragan. Y en la campaña se va a notar.