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La verdad verdadera > Jorge Bethencourt

   

Hemos escuchado tantas verdades oficiales que luego se han descascarillado, que nos hemos abonado al escepticismo. Vamos, que nadie está ya por creerse a pie juntillas ninguna de las milongas que cuentan unos y otros, incluyéndonos a los medios. Por eso, tal vez, la gente se haya tomado con sorna los datos ofrecidos sobre la seguridad en Canarias que son excelentes. Como siempre.

Es una lástima que no hayan incluido en el informe la cualificada opinión de la señora británica a la que le cortaron el cuello en el Sur de Tenerife. Tal vez tuviera algunas dudas razonables sobre nuestro nivel de seguridad. O a los que se tirotearon al lado de una gasolinera, también en el Sur, para que entre bala y bala nos relataran las excelencias de este paraíso de la tranquilidad.

O al personal de otra gasolinera, en Tejina, que atracaron hace poco unos encapuchados armados con machetes, y que seguramente también se apuntarían a la visión idílica de nuestra isla como una balsa de aceite. O a la mujer apuñalada por su esposo en Arona, o a la otra señora golpeada y robada por dos bestias en Costa del Silencio o, por no seguir, a las jóvenes turistas violadas frecuentemente a la salida de discotecas o bares del Sur. Y si hablamos de las redes mafiosas apalancadas en las zonas turísticas, apaga y vámonos.

Las verdades oficiales es lo que tienen. Que van por su lado mientras la percepción de los que están en la calle va por otra. Porque en la calle se nota que la UIP no vaya al Sur de la Isla, porque no hay dinero para pagarles las dietas y las horas extras.

Y se nota esta crisis peluda, que está mandando más efectivos al ejército de la desesperación, a la trinchera de buscarse la vida sea como sea. Y es que jerola pública no conoce límites. El 78% de los accidentes mortales ocurre en las carreteras secundarias, donde el límite de velocidad es menor que en las autopistas. Pero la verdad oficial sigue majándonos la papa con la velocidad. Tal vez sea porque la mayor cantidad de radares están puestos en las autopistas, donde hay menos muertos pero más potenciales clientes y mejor recaudación. Por esto, y otras hierbas, las estadísticas publicas se van convirtiendo más y más en una comunión con ruedas de molino.

Twitter@JLBethencourt