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Las agencias, en el punto de mira > Jaime Rodríguez-Arana

   

Estos días hemos podido conocer, gracias a la Comisión del Mercado de Valores de los Estados Unidos de América, la polémica SEC, los resultados de un conjunto de inspecciones realizadas por técnicos de este organismo y asesores especiales contratados al efecto sobre las agencias de rating. En efecto, tras los recientes escándalos financieros, la SEC, reformada y reforzada en sus funciones de supervisión y vigilancia, ha concluido una serie de investigaciones acerca de los procedimientos y metodologías de análisis y de publicación de los veredictos, nunca mejor escrito, de las agencias de calificación. Han sido escrutadas las diez agencias de rating más importantes del mundo siendo las conclusiones de las inspecciones las que nos temíamos.

Efectivamente. Se han detectado no pocos errores en los procedimientos y metodologías empleados en la elaboración de las calificaciones otorgadas a numerosas empresas y deudas de Estados soberanos. Era de esperar puesto que esos procedimientos en cuya virtud se producían las calificaciones eran inaccesibles al común de los mortales. Además, las calificaciones eran inapelables, lo que favorece lógicamente un ambiente de opacidad y oscuridad en el que los errores y las arbitrariedades encuentran campo abonado para su libre ejercicio. Obviamente, han fallado también las estructuras internas de control de los análisis y la gestión de los conflictos de intereses. No hace mucho conocimos una demanda del fiscalía de Nueva York por el transvase de directivos de agencias de calificación a la cúpula de algunos bancos de inversión por millonarios sueldos.

Las agencias de calificación son necesarias. Realizan funciones de interés general y por ello sus decisiones deben ser transparentes y argumentadas técnicamente. Desde luego, existen profesionales independientes y gran prestigio que pueden desempeñar a la perfección sus tareas. El problema es que si estas agencias se mueven con ánimo de lucro y sus propietarios son también sujetos pasivos de sus determinaciones, puede legítimamente ponerse en duda la imparcialidad de sus decisiones.

La SEC tenía una deuda pendiente con la sociedad norteamericana tras su actuación en la crisis financiera. Al menos han iniciado inspecciones independientes que han aconsejado supervisar con más rigor y criterio a estas agencias, analizando con más detalle el proceso de análisis realizado para las calificaciones. Así, de esta manera, será más fácil proteger a los inversores, garantizar la integridad y objetividad del mercado y, sobre todo, introducir a estas agencias en un mundo de transparencia y racionalidad que, por el momento, brillaba por su ausencia. Las conclusiones de la inspección realizada por la Comisión del Mercado de Valores de los Estados Unidos de América van, a mi juicio, en la buena dirección. En Europa, continente en el que vamos con mucho retraso en este punto, va siendo hora de que las autoridades pongan en marcha una o varias agencias de calificación que puedan realizar su cometido al servicio objetivo del interés general, al servicio de la objetividad y del rigor, no al servicio de inconfesables intereses que todavía, a pesar de estar en el año 2011, siguen manejando a su antojo tantas y tantas cosas.

* Catedrático de Derecho Administrativo. | jra@udc.es