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Las nueve víctimas canarias de ETA

   

DIARIO DE AVISOS | Santa Cruz de Tenerife

Nueve de las 829 víctimas del terror de ETA durante sus 43 años de historia asesina eran canarias, la mayoría nacidos en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. A pesar de la lejanía con la que nos suelen llegar los asesinatos de la banda, más que nada por el distanciamiento, los familiares nunca olvidan y, sobre todo, no entienden (y no se entiende) que ninguna institución política en Canarias les haya rendido un homenaje, salvo algún ayuntamiento a su correspondiente ‘víctima’ local.

Tan solo el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, a petición del popular Angel Llanos, en su etapa como responsable de la Sociedad de Desarrollo, aprobó en un pleno con consenso de todos los partidos políticos un homenaje a todos los canarios caídos con estatua incluída. Pero jamás se llevó a cabo. Lo que sí se realizó fue un reportaje a petición de la Sociedad de Desarrollo con entrevistas a sus familiares, dirigido por el periodista Daniel Millet. Ahora, con el cese definitivo de la violencia del grupo terrorista anunciado este 20 de octubre, merece la pena conocer sus historias.

La primera víctima insular de ETA fue el guarda forestal Ramiro Quintero, tinerfeño, enviado a Lizarza (Guipúzcoa). El lunes 2 de octubre de 1978 se encontraba en un bar con un conocido cuando un joven bajó de un Seat 127 y lo ametralló a bocajarro. Una de las cinco balas le atravesó el corazón y aunque su familia vivía muy cerca del bar y fue enseguida a auxiliarle, fue demasiado tarde.

José Benito Díaz García

Natural del Porís de Abona, murió el 25 de octubre de 1978 tras ser ametrallado doce días antes en Santa Marina (Bilbao). Recién salido de la academia, circulaba en un jeep de la Policía nacional junto a otros dos compañeros del cuerpo en su primer servicio. El Ayuntamiento de Arico aprobó por unanimidad, en un pleno celebrado en marzo de 2005, rendirle homenaje. Hubo otros actos de recuerdo a la figura de este joven tinerfeño, al que le costó dejar Canarias, recuerda la que fuera su esposa, María Candelaria González, que cuando ocurrieron los hechos solo tenía 22 años y acababan de tener una niña.

El tercero fue Juan Batista García, nacido en Las Palmas de Gran Canaria. Después de hacer la mili se enroló en la Guardia Civil y lo destinaron a Navarra, donde lo asesinó ETA de un tiro en el pecho el 17 de abril de 1979 cerca de Leiza, en Navarra. Acababa de venir de visitar a su novia, con la que estaba a punto de casarse. Ella le había anunciado que estaba embarazada justo hacía unos minutos. Su familia lo define como un manitas al que no le importaba arreglar cualquier aparato estropeado de sus vecinos. Era alegre y risueñoa. Sus hermanos Antonio, Rafael y María Esther, residentes en Gran Canaria, admiten que todavía les cuesta asumir aquella tragedia repentina. A diferencia de la mayoría, que se enteró por los telediarios, ellos lo supieron al recibir una llamada telefónica de madrugada.

José Manuel Amaya Pérez

José Manuel Amaya Pérez, nacido en Melilla pero residente en Tenerife desde los nueve años, venía de participar con un club isleño en el Campeonato Subacuático celebrado en el embalse de San Andrés, en Verina, Asturias. Se encontraba en el aeropuerto Madrid-Barajas con tres de sus compañeros del equipo tinerfeño cuando, en la consigna de equipajes de la terminal de llegadas nacionales, a eso de la una de la tarde del 29 de julio de 1979, estalló una bomba. Sus dos acompañantes resultaron heridos graves pero él, que contaba con solo 32 años, perdió la vida al instante.

La iglesia santacrucera de la calle de San Sebastián acogió la misa al día siguiente. Su hermana, Clotilde Amaya, relata cómo se enteró de la noticia: “Era un domingo caluroso de julio, el típico día de verano. A eso de las ocho de la tarde, estábamos viendo la televisión. Estaba en mi casa y nos había visitado mi madre. De repente, en el Telediario, nombraron el nombre de mi hermano en las informaciones sobre varios atentados de ETA. Nos quedamos paralizados. Pensamos que a lo mejor había otra persona que se llamaba igual. Pero los datos que dio el presentador coincidían con los de mi hermano: el nombre completo, la edad, que regresaba de un torneo de submarinismo en Asturias… Fueron momentos de histeria”.

Aurelio Pérez-Zamora Cámara

El coronel de Caballería natural de Santa Cruz de Tenerife, Aurelio Pérez-Zamora Cámara, de 59 años, casado y padre de dos hijos, llevaba sólo veinte días en Bilbao y esperaba a su familia en su nuevo destino cuando, en la mañana del 19 de septiembre de 1979, el jeep en el que viajaba a la sede del Gobierno Militar en Vizcaya, junto a otro alto cargo castrense, fue tiroteado en plena calle. Solo se salvó el soldado que conducía el vehículo. Aurelio Pérez-Zamora murió nada más ingresar en el hospital bilbaíno de Basurto. Los dos agresores se dieron a la fuga a pie. La familia, residente en Santa Cruz, es una de las pocas que forma parte de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Aún conservan en su hemeroteca particular las imágenes de las aglomeraciones alrededor de la santacrucera iglesia de La Concepción el día del funeral.

La sexta víctima fue José Torralba, hijo de guardia civil, lo tuvo claro desde el principio, porque según recuerda su madre, Concepción López, “su vida se movió entre tricornios desde que tuvo uso de razón”. Pasó gran parte de su vida en el cuartel de la Benemérita de Granadilla de Abona, a donde habían destinado a su padre Rafael. José fue ametrallado por los terroristas etarras en la Aduana de Irún, el 16 de abril de 1980, cuando tenía apenas 23 años de edad. Su caso ha sido recordado gracias a los diferentes actos que celebra el instituto armado por todo el país, incluida Canarias, en honor de los caídos en la lucha contra ETA. El último fue el verano de 2007 con una exposición en la santacrucera plaza del Príncipe dedicada a las numerosas bajas del cuerpo.

El palmero Santiago González de Paz, Vecino de la isla de La Palma, casado y padre de tres hijos, recibió un tiro en el corazón y otro en la cabeza el 17 de octubre de 1981 en Santurce (Vizcaya), cuando trabajaba como miembro de la Guardia Civil.

José Carlos Marrero Sanabria
Su madre Rita María Sanabria no quería que fuera guardia civil pero José Carlos Marrero se marchó a la academia de Úbeda, Jaén. A los 23 años, se enroló en el cuerpo y llegó a formar parte del Grupo Antiterrorista Rural de élite de la Guardia Civil destinado en el País Vasco. Natural de Las Palmas de Gran Canaria, murió con 30 años, el 10 de enero de 1988, en San Sebastián, tras un atentado ocurrido el 28 de junio de 1986. Estaba en primera línea, algo de lo que siempre se sintió orgulloso.

Familiares del Policía Nacional nacido en Tegueste, José Francisco Hernández, asesinado por ETA en 1990. | DA

La familia de José Francisco Hernández, la última víctima, sí se sintió arropada, pero principalmente en su localidad natal, Tegueste. Reconocido bregador de un equipo de lucha canaria del pueblo, era conocido por el apodo de Ayala I, y tras su fallecimiento, además de una calle, tiene con su nombre uno de los trofeos más prestigiosos del torneo de San Marcos, el que reconoce al luchador más espectacular. Este policía nacional fue asesinado por ETA con un camión-bomba el 18 de noviembre de 1990 en la carretera entre Cabieces y Nocedal (Vizcaya). José Francisco tenía 34 años e iba con otros tres policías en un vehículo oficial cuando estalló un camión cargado con 100 kilos de amosal y 200 más de tornillería.