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Lengua pútrida > Alfonso González Jerez

   

George Orwell, un gran escritor y quizás el mejor periodista inglés del pasado siglo, escribió un ensayo ya convertido en clásico, La política y el lenguaje inglés, que en algunos medios de comunicación se convirtió, allá por los años cincuenta y sesenta, en parte inseparable del manual de estilo. En la misma estela de Karl Kraus, pero con un argumentario más sensato, Orwell subrayaba que la degeneración del lenguaje, su manipulable empobrecimiento y turbiedad, era señal de una patología social y política particularmente grave. “Si nos liberamos de estos malos hábitos (expresivos) podremos pensar con más claridad”, exponía Orwell, “y pensar con claridad es un primer paso hacia la regeneración política”. En la actualidad, el lenguaje político consiste, ante todo, en articular zafiamente “una defensa de lo indefendible”. Es imposible defender, salvo si uno se abona abiertamente al cinismo o la brutalidad, aquello que contradice el hipócritamente consagrado bienestar común. Entonces se pone en marcha un conjunto de estratagemas discursivas y expresivas que tienen como objeto legitimar acciones o resignaciones políticas evitando evocar, sobre todo, sus correspondientes imágenes mentales. Si se trata de cerrar quirófanos en los hospitales públicos en horario de tarde debe hablarse de “una optimización del servicio”. En general cualquier recorte de los presupuestos de los servicios públicos es, en realidad, un valioso incentivo para “hacer más con menos”. Los 70.000 desempleados canarios que hoy no cobran ningún tipo de subsidio no están amenazados por el hambre: se califican como “personas fuera del objeto de las prestaciones legalmente establecidas”, con lo que la imagen de comedores sociales intransitables y contenedores de basura saqueados al anochecer se desintegra suavemente. Modificar la Constitución en el plazo de una semana, sin que medie debate parlamentario y a espaldas de las minorías es “una decisión política llevada a cabo a través de un proceso exquisitamente democrático”. Pactar electoralmente con fuerzas políticas de programas disímiles, cuando no contradictorios, es una decisión “en beneficio del futuro de los ciudadanos canarios”. Reducir unos salarios que no han dejado de perder poder adquisitivo desde hace lustros es “reajustar las variables económicas para estimular la recuperación de las empresas y la economía”. “El lenguaje político”, dice Orwell, “es construido para lograr que las mentiras parezcan verdaderas, y el asesinato respetable, y para dar una apariencia de solidez al viento”. Descodificarlo es hoy, más que nunca, un deber intelectual incrustado en las obligaciones del periodismo.