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Lo peor es que no les importa > Manuel Iglesias

   

Está claro que a una gran parte del mundo político les importa un bledo lo que opinan los ciudadanos, porque si no fuera así deberían estar escandalizados del concepto que tienen de ellos y la sensación casi de desprecio con que miran la actividad pública que practican.

Según la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), hecha pública el miércoles y que en esta ocasión ha incluido algunas preguntas sobre la cultura política de los españoles, y de ellas surge que la política es una actividad que a cuatro de cada diez le produce “desconfianza” y a una parte importante de los ciudadanos “indiferencia”, “aburrimiento” e, incluso, “irritación”.

Ese escaso interés que despierta la política en los ciudadanos se advierte en el amplio consenso que muestran al afirmar que, según el sondeo, raramente o nunca hablan o discuten de ella (más del 45 por ciento) con amigos y familiares.

Hace muchos años contaban una anécdota de Francisco Franco, probablemente apócrifa, en la que se decía que había recibido a un personaje que se le quejaba de las dificultades que tenía para desarrollar su gestión por los enfrentamientos entre sectores en su departamento y las dudas sobre las decisiones. Y dicen que el general le recomendó: “Haga como yo, no se meta en política”. Es evidente que el impacto del cuento venía por la discordancia entre quien pronunciaba esas palabras, un dictador a cuyo alrededor se movía toda la política del país, pero de una manera literal parece que esa es una opinión muy extendida en nuestro país, ya que casi la mitad de los encuestados por el CIS cree que es mejor “no meterse en política”. De hecho, afirman que la política es el aspecto que menos importancia tiene en la vida de los españoles, que dan una puntuación de 9,63 sobre 10 a la familia, de 8,78 al trabajo, de 7,93 a los amigos… y de 3,76 a la política.

Y se diría que en estos últimos años se ha degradado tanto el mundo político que también a la cola se sitúan los partidos en cuanto al grado de confianza que tienen los españoles en las instituciones, que, incluso, ha bajado con respecto al último sondeo en el que se preguntó por este asunto.

En una escala de 0 a 10, los encuestados puntúan con un 2,76 a los partidos políticos en grado de confianza (2,88 en el barómetro de diciembre del pasado año), lo que supone la calificación más baja, seguidos del Gobierno (3,24) y el Parlamento (3,52), y esto es muy alarmante, porque estamos hablando en este último caso de las dos instituciones fundamentales del Estado y, en el de los partidos, de las fuentes que los nutren.

Hay más datos preocupantes en esta encuesta. Pero quizás entre los más inquietantes está el que a los principales interesados parece que les da lo mismo. ¿Han visto ustedes alguna reacción?