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Los periodistas, también evacuados

   

La vista de la mancha volcánica ha congregado a decenas de periodistas. | FRAN PALLERO

VICENTE PÉREZ | EL PINAR

Los periodistas comprendieron ayer lo que pudieron sentir los vecinos de La Restinga al ser evacuados por riesgo volcánico el pasado martes. Eran las 15.00 horas cuando la Guardia Civil advirtió a los enviados especiales de prensa, radio y televisión que había que evacuar el lugar que hasta ahora habían usado de cuartel general, el cruce entre la carretera de La Restinga y Tacoron, desde donde se tiene una impresionante visión de la mancha que deja el volcán subacuático a menos de un kilómetro de la costa.

El motivo era al principio confuso, pero no podía ser otro que el agravamiento del peligro que representa la actitividad volcánica en los fondos marinos de La Restinga. De hecho, algo se sospechaba ya cuando durante la mañana, los pescadores, que tenían previsto sacar sus barcos del puerto de La Restinga, por mar y tierra, señalaron a este diario que estaban a la espera de que los geólogos dieran el visto bueno a su operación porque algo había empeorado.

En Facebook, la Asociación Volcánica de Canarias (Avcan) había advertido desde temprano un aumento del tremor, es decir, la señal en los sismógrafos que indica el movimiento de la lava cuando se abre paso a través de las grietas.

A media mañana ya había decenas de coches de vecinos a la espera de poder pasar de forma escalonada a La Restinga para sacar parte de sus pertenencias, pero el tiempo transcurría y ese momento no llegaba, bajo un sol de justicia aplacado a veces por nubes altas cuyo reflejo enrarecía aún más la superficie del mar.

Y a partir de las 14.00 horas se precipitaron los acontecimientos. Los periodistas empezaron a recibir llamadas de sus jefes, porque les habían informado de que la erupción ya era evidente y que sus efectos eran visibles. Incluso se rumoréo que podía ser en tierra. Las miradas giraron despavoridas en todas direcciones, pero sólo había una señal a la redonda: la ya famosa mancha sobre el mar de La Restinga, que a esa hora se había oscurecido ya sospechosamente.

Y entonces llegó el presidente del Cabildo herreño,Alpidio Armas, quien reconoció que desconocía el motivo de la decisión de que no bajara nadie más a La Restinga y que se ordenara salir a los que ya estaban. “No sé nada, tengo que llamar al director general de Seguridad y Emergencias, a ver qué ha podido pasar”, se limitó a comentar. A preguntas de Diario de Avisos, admitió que el Gobierno canario se había saltado el protocolo al no avisarle, pero diplomáticamente quiso disculpar este hecho alegando que esto puede ocurrir en una emergencia así porque hay otras prioridades.

“Nos han ordenado que nadie más puede bajar, y están evacuando a los que habían bajado”, indicaba el concejal de Emergencias, Jesús Pérez, ante un grupo de vecinos que reaccionó con enfado. “¿Por qué nos han hecho esperar tantas horas para nada?”, preguntaban algunos, a lo que el edil pedía una y otra vez comprensión porque “eran órdenes” que había que cumplir.

El concejal puso cara de circunstancias, ante las noticias que le llegaban, lo mismo que a este enviado especial. A esa hora ya era evidente cómo la mancha en el mar se hacía más ocura y con un cerco un medio, y se sentían de vez en cuando ciertos movimientos telúricos.

El presidente del Cabildo, tras hacer las llamadas pertinentes, confirmó que un helicóptero había visto material piroclástico humeante flotando en el mar y que la salida de lava ya era una realidad a 2,5kilómetros de La Restinga y a una profundidad que no podía concretar, pero que entendía era a la suficiente para no causar aún riesgos más graves.

Rondando las 15 horas la Guardia Civil ordenó la evacuación pauliatina del cruce con la vía de Tacoron y comunicó a los perioditas que el punto en que quedaría cerrada la carretera se había traslado a un kilómetro más arriba hacia el núcleo de El Pinar.

A esa hora este enviado especial pudo divisar cómo una barca dejando una estela, lo que luego resultó ser una roca humeante. Los enviados de DIARIO DE AVISOS fuimos los últimos en abandonar la zona, y no faltó algún colega de profesión que mostró cierto nerviosismo al salir antes que nadie por temor a que se produjera una gran explosión volcánica.

Por la tarde, el alcalde del municipio, Juan Miguelo Padrón, fue claro tras el pleno municipal al explicar que se había ampliado el perímetro de seguridad porque una posible explosión volcánica debida a la interacción con el agua marina podría afectar a un radio de más de 1,5 kilómetros.

Pero lo de ayer ya es agua pasada y hoy no cuenta, y, como decía una geóloga, un día no es nada para la vida de un fenómeno volcánico como éste. Hoy, los herreños seguirán con el alma en vilo, a la espera de lo que decida la madre naturaleza.