X
wdesde la tronera > cultura popular

Los sonidos de la cultura pastoril

   

El ganado y la cultura popular que ha generado aún sigue perviviendo en Canarias. | DA

PEDRO M. GRIMÓN GONZÁLEZ | LA OROTAVA

El patrimonio intangible, el inmaterial, viene a ser la vida en sí misma, evocando la esencia de los valores que constituye la grandeza de la cultura popular, la cual nos permite recuperar esa sabiduría que siendo de la comunidad se nos manifiesta en concreciones individuales, por el camino espiritual y sagrado, al que nos debemos acercar con el mayor de los respetos, como es el nexo generacional de la oralidad.

Acercarnos a las fuentes vivas y registrar esos saberes, antes que caer en el tópico despropósito de lamentarnos por la pérdida de estos eslabones, que se han proyectado en el tiempo, en la cadena de la vida, perdurando armónicamente el uso e interpretación del espacio natural territorial. La vida de los pastores ha pervivido en todas las épocas, tal como se refleja en distintos textos históricos.
Abreu Galindo escribe: “Preciaban las cabras, que llamaban aridaman, su principal caudal y hacienda, por el provecho que de ellas sacaban para su mantenimiento. Había ovejas que decían tabatan”.

En ofrecimiento a la Virgen de Candelaria en Tenerife, Fray Alonso de Espinosa describe así la ofrenda: “De común consentimiento le ofrecieron cada cual según su devoción o posibilidad, las más hermosas cabras de sus rebaños, que llegaron a seiscientas. Y el rey le señaló término particular que llaman Igueste, do se aposentase este ganado, con pena de muerte que ninguno llegase a él”. Mientras, Abreu Galindo nos relata las excelencias de la cabra majorera en el siguiente texto: “El ganado de esta isla de Fuerteventura es el más sabroso de todas las islas; el cual anda suelto por toda la isla; y cuando querían tomar algún ganado, se juntaban y hacían apañadas que llamaban gambuelas”. Ya en períodos más cercanos: “La cabra servía de moneda en transacciones comerciales. Su precio estaba en estrecha relación con la edad, sexo, castración… De esta manera. sólo hay que exceptuar a los cabritos, cuyo valor se mantiene sistemáticamente en un real”, dice Eduardo Aznar en uno de sus trabajos.

La cultura pastoril ha sido la dinamizadora natural de los avances sociales, cuyos rumbos de desarrollo han convivido entre las vías de comunicación y los cruces de caminos. Valedora guía y vigía del ganado, en su constante andar en búsqueda de los pastos, generando particularidades, vivencias en su proyección trashumante, localizando alimentos en función de las circunstancias estacionales. Todo este trasiego pastoril aporta una serie de actuaciones en el territorio, tanto en el aprovechamiento de los pastos como en el aporte al desarrollo de la economía rural.

Quedándonos de igual manera con una serie de expresiones propias del lenguaje popular, de cuyo uso y práctica convencional, ha determinado formas de comunicarse o de expresar algo que se manifiesta implícito en el refranero: “Cada oveja con su pareja”, “Yo se las cabras que guardo”, “La cabra siempre tira al monte”, “Oveja que bala pierde bocado”, “El queso cieguito y el pan con muchos ojitos”… El cancionero popular se hace eco en algunas coplas, del papel del pastor: Como quieres María / Que los pastores / Ordeñando las cabras / Sepan de amores. Sin olvidar referencias de la literatura elaborada en nuestra tierra, como la del insigne poeta Nicolás Estévanez, entre otros.

Tenemos que facilitar los medios necesarios para incurrir en los procesos educativos de las generaciones que están conformando las claves de la sociedad actual y que proyectaran el futuro, promoviendo métodos de actuaciones pedagógicas en torno al conocimiento de la cultura intangible. En medio de todo, el continuo cencerrear de golpes del badajo al metal. “Las mejores maderas para el badajo son la tea, leña buena, moral y sabina, aunque no son todas iguales, el sonido es más parecido y permite controlar el ganado, el cencerréo es una herramienta necesaria para controlar el ganado”, dice el pastor Chano Zacarías.

En la cultura pastoril los sonidos marcan el ritmo cotidiano de esa mirada suelta en el horizonte, escuchando el goteo de la fuente o el canto del pájaro. Sonidos que siguen permaneciendo en el andar del tiempo cíclico de generaciones, donde se reviven sensaciones, sentimientos, aromas, sabores…

*Maestro, estudioso de la etnografía y las tradiciones