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por qué no me callo >

Madrid > Carmelo Rivero

   

La felicidad es tema coaching donde los haya. Mi amiga Sabina Roleff se especializó en alegría antes del crack financiero. Y hace una década, Pedro Hernández publicó Los moldes de la mente, con el método del bombeo’ que cura.

Hay nombres y palabras que dan grima: Fitch, Moody`s, Standard & Poors, lagarto, lagarto. Me fui a Madrid el fin de semana a distraerme trabajando. Una reunión en una editorial y una tertulia política en TVE.

En La noche en 24 horas, el presentador, Xavier Fortes, sirvió en bandeja la convención de Málaga del PP; dije que los partidos se han encasquillado en el harakiri de los recortes, cuando el FMI les pide ya lo contrario: estímulos económicos.

Los discursos quedaron obsoletos con esa cuadratura del círculo: conciliar ajuste y crecimiento, que es “como un sueño en la vigilia”, la definición de poesía de Tomas Tranströmer, el Nobel último: la felicidad del paria consiste en soñarse rico en el duermevela. La periodista Consuelo Sánchez Vicente aconseja a los políticos que dispensen más esperanza y menos apocalipsis (Más Platón y menos Prozac, decía Lou Marinoff).

La palabra consuelo, quién mejor para reivindicarla. Madrid está para comérsela de noche con smog, es un retoño de otoño apacible para callejear. En el bar Hokkaido de Alcalá tomo un café espresso exquisito (Madrid está haciendo buenos cafés últimamente, lo que nunca); detrás de la barra atiende una tierna pareja de chinitos recién papás. Los chinos copan el comercio y la restauración; pronto vestirán bata blanca en la botica: su siguiente objetivo puede ser la farmacopea. Pero ante estos jovencísimos asiáticos en su puerperio, admiro la entrega china al trabajo, su estajanovismo feliz. Discutimos de festivos de entre semana y me reconozco un país perezoso. Nos pierde la fiesta y la falta de ética cívica para levantar un país que se viene abajo.

Almorzamos en Lupita (Monte Olivetti, 32), con música huayno y criolla en vivo. Lupita, 53 años, emigró en los 90 desde su Lima natal, y del servicio doméstico pasó a montar una red de restaurantes en Madrid con su receta secreta del pollo al carbón. Lupita se hizo feliz trabajando sin reloj.

En la calle, el nigeriano Emmanuel, parado, me vende por dos euros un ejemplar de La Farola, el periódico que da pan y techo. Y dignidad.