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Madrileña ella > Nuria Roldán-Arrazola

   

Decir que la política madrileña está impregnada de la política nacional o la nacional de la madrileña no es decir mucho. Basta comprobar cómo el candidato a la presidencia de los partidos de ámbito nacional es siempre el de Madrid. Ella lo ha sido casi todo en política: ministra de Educación en el primer Gobierno de Aznar, del cual salió para presidir el Senado, tras dejar sin concluir la entonces nueva ley de educación, que vio, estupefacta, cómo quedaba aparcada en el Parlamento por su propio grupo. Fue la ministra Del Castillo la que llevó a término su aprobación. Que la educación es fundamental en una sociedad moderna, nadie lo discute, y por ello se hace extraño que una exministra del ramo cometa tantos desatinos. Ello me lleva a pensar que no son tales, sino más bien muestras de las contradicciones internas que posee su organización política sobre la oportunidad o sobre los contenidos en cuestión.

La educación es un asunto muy sensible, con el que es muy fácil hacer demagogia. La Comunidad de Madrid no pasa inadvertida, menos habiendo sido un buque insignia del lento caminar del PP para llegar a La Moncloa. Que Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de Madrid, por primera vez, gracias a un resultado electoral muy disputado y al transfuguismo de los diputados socialista Tamayo y Sáez, es cierto, después de un bochornoso espectáculo llevado a cabo por el PSOE en la Asamblea de Madrid. También lo es que la política urbanística y la educativa eran los dos escollos más remarcables para un gobierno de coalición PSOE-IU. Por ello se puede analizar la actual situación de la educación en Madrid atendiendo a dos criterios fundamentales: 1) un concierto educativo, mayoritariamente realizado ad hoc y cuyo beneficiario fundamental es la Iglesia católica, que ha colocado al 54% del alumnado madrileño en aulas concertadas y 2) un deterioro progresivo en la educación, que deviene de una interpretación cuasi fundamentalista del principio de comprensividad, que hace que los niveles sean más bajos cada día y, por ende, que la ideología encubra la realidad de un sistema que escandalosamente no funciona. Y es en este contexto en el que deviene la crisis económica, y ante la necesidad imperiosa de ajustar las cuentas sin tocar la ley de educación, de momento, se plantea la viabilidad de un sistema de gratuidad de facto en todos los tramos educativos, es decir: ¿podemos seguir financiando la educación de 3 a 6 años, el bachillerato, las artes escénicas, los conservatorios o las escuelas oficiales de idiomas…? ¿Podemos seguir invirtiendo en ciudadanos que años tras año no obtienen buenos resultados; es decir, ciudadanos que no invierten en sí mismos? No hablamos de recortes. Los recortes no son una política sino la consecuencia de no tener política. Debemos plantearnos con seriedad y rigor qué elementos son los relevantes y cuáles no, para crear la igualdad de oportunidades.

Es cierto que hemos formado, invertido, como nunca antes, pero no es menos cierto que nuestros títulos universitarios se encuentran algo devaluados o que los resultados de nuestras evaluaciones internacionales (PISA) demuestran un desfase entre dónde deberíamos estar y dónde estamos. La autocomplacencia, la falta de cultura del esfuerzo o la hipocresía social no pueden ser los comportamientos al uso. Las declaraciones de Aguirre denotan la tensión existente en la sociedad y en su partido, acerca de las medidas a tomar a partir del 20-N. Lo demás, cantos de sirenas.

nuria-roldan.blogspot.com