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Mafias en Canarias > Leopoldo Fernández

   

A ningún político o policía con responsabilidades le gusta que le hablen de la existencia de mafias en su ámbito de actuación. Lógico, porque nadie quiere reconocer -en todo caso lo hace con la boca pequeña- que las organizaciones criminales, clandestinas o no, operan allí donde, al amparo de otros negocios y actividades económicas normales, pueden desenvolverse con las trampas y los engaños propios de la delincuencia de alto nivel.

En Canarias en general, y en Tenerife en particular, viene siendo moneda común el aparente desconocimiento, cuando no el rechazo explícito a la idea del funcionamiento de mafias en esta tierra. Y sin embargo existen, vaya si existen. Por ejemplo, italianas como la Nuvoletta, que acaba de ser desactivada en el Sur tinerfeño, donde desde los años noventa venía blanqueando dinero procedente de las actividades criminales de sus miembros en Italia, especialmente en Nápoles con la Camorra, tal y como denunció Roberto Saviano en su extraordinario documento Gomorra, llevado luego al cine. Es bien cierto que, hasta donde sabemos, los distintos tentáculos de las mafias que han llegado a Canarias -entre ellos los que trajeron Armando Orlando y Pietro Nocera, que vivieron entre nosotros antes de ser detenidos- no han manchado aquí sus manos de sangre, pero sí han invertido en negocios turísticos de diversa índole al amparo de las facilidades que suele otorgar la libre circulación de capitales no sujetos a sospecha. Pero junto a estas mafias de origen napolitano, siciliano y calabrés principalmente, las autoridades han detectado otras de origen ruso, colombiano, chino y magrebí que operan con inversiones inmobiliarias, droga, inmigrantes, protección y otras actividades.

Tras el arresto de John Goldfinger Palmer -a quien se le calcula una fortuna superior a los 300 millones de libras esterlinas- en 2007 en Tenerife, el mundo del time-sharing parece que ya funciona con normalidad, pero en su día fue uno de los puntos calientes del negocio mafioso, que siempre ha buscado en los centros turísticos de rápido y masivo crecimiento el lugar idóneo donde camuflar sus inversiones de dinero negro. Algunos personajes parecen limpios de manos porque se lavan, no porque no roben o delincan, que diría Quevedo, pero no deben ser bienvenidos aun cuando efectúen en Canarias grandes inversiones a modo de cantidades inmensas de maldad camuflada. Cualquier golpe policial contra ellos, que suele costar años de callada investigación, debe ser siempre bienvenido y servir de aviso a navegantes. También para las pequeñas mafias locales, que preferentemente actúan en los centros turísticos más que en otros centros de actividad.