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Malos tiempos > Jorge Bethencourt

   

Los indignados que han tomado las calles este fin de semana serán muchos más dentro de algunos meses. Uno de los mayores errores de los gobernantes europeos es no haber dicho la verdad a los ciudadanos desde el minuto uno de este gigantesco ajuste económico llamado crisis. La gente se ha llegado a creer que esta calamidad la han provocado unos pocos. Y el espectáculo de bancas públicas que se privatizan retirando a sus capitostes entre multimillonarias indemnizaciones no contribuye a contradecirles.

Más allá de la voracidad financiera de la banca privada, igual a la de los bancos centrales que son propiedad de los gobiernos, los ciudadanos de toda condición han vivido las últimas décadas gastando más allá de lo que tenían, pidiendo (y obteniendo) créditos increíbles, en una orgía de consumo que disparó todas las economías. Lo mismo hicieron gobiernos centrales, autonómicos y locales. A lo grande.

Los recortes en Grecia han sacado a miles de personas a las calles. La brutal subida de impuestos en Portugal, la suspensión de pagas extras y el aumento de media hora de la jornada laboral han hecho que la gente ponga el grito en el cielo. Los recortes en Italia han incendiado Roma. Y los primeros ajustes en servicios públicos en Cataluña han disparado las protestas sociales. Todo el mundo quiere que los costos de la crisis lo paguen otros. Los ricos, que resulta consolador. Pero la factura está a nuestro nombre; los ricos no tienen hipotecas. Y cuando Europa rebaje un 20% el valor de los bonos y letras del tesoro españoles, los bancos, que tienen un pufo de 230.000 millones de euros en ese agujero, tendrán que conseguir 46.000 millones para evitar la quiebra. Y saldrán de nuestros bolsillos. Porque esos miles de millones son una deuda que nuestros gobiernos adquirieron mientras nos decían que no pasaba nada, que estábamos bien, que todos tranquilos.

Ahora toca sangre, sudor y lágrimas. Y la gente no lo va a entender. Ni aceptar. Porque nadie se siente responsable. Porque nuestros políticos siguen sin decir la verdad. Porque no se ha hecho pedagogía del sacrificio inevitable. El año 2012 será el de los grandes conflictos sociales, el de las huelgas, el de las protestas en la calle. El peor escenario para la rabia intestina y el mejor para quienes están dispuestos a quemar el bosque si pueden quedarse como dueños de las cenizas.
Twitter@JLBethencourt