X
retiro lo escrito > por Alfonso González Jerez

Melindrosos > Alfonso González Jerez

   

Las últimas jeremiadas del escritor Nicolás Melini apenas merecen ya comentario. Pero no quiero parecer grosero y dejarle sin una postrera respuesta a propósito de la sarta de torpezas y estupideces que me dedica en su último articulito donde, por supuesto, no entra en razones, sino que persiste en sus indignaciones postizas, sus desvergonzados lloriqueos, su impotencia analítica y su ignorancia palmaria sobre el Salón Internacional del Libro Africano.

1 Cualquier lector que se haya molestado en leer mis artículos sobre la actitud de los escritores isleños respecto al SILA es perfectamente capaz de entender el núcleo argumental de los mismos: la crítica a la ergonómica indiferencia que la inmensa mayoría de los escritores isleños muestra hacia la sociedad de la que forma parte y, más específicamente todavía, hacia las dinámicas culturales de la misma. En ningún caso entraba yo en sentenciar el valor de la obra literaria de este o aquel novelista, poeta o dramaturgo. No es la primera vez y (mal que le pese a los melindrosos de turno) no será la última en el que, a propósito de un proyecto cultural importante, encuentro denunciable este estólido avestrucismo solo ocupado de sus propias plumas. Resulta singularmente grotesco que Melini, entre sus estreñidas gemebundeces, clame porque no encuentra a los escritores canarios de verdad escribiendo en los periódicos. Le diré un secreto: no existe ninguna conspiración judeomasónica que lo impida. No lo hacen, simplemente, porque no tienen puñeteras ganas ni les alcanza el resuello para hacerlo. Cuando toman la palabra es para protestar por un olvido, un ingrato paréntesis o un maltrato siempre injusto, snfff. Como el propio Melini, por señalar a alguien.

2. Los intelectuales canarios han dimitido de su función crítica y de su participación deliberativa en el espacio público. Exceptuando escasísimas y a menudo infelices excepciones, hace más de veinte años es imposible leer artículos, escuchar conferencias o encontrar entrevistas en las que los escritores canarios se pronuncien críticamente sobre la situación política, social y cultural del Archipiélago, más allá de abstractas consideraciones sobre la mezquina idiotez del Poder. Nada de nada. Este mutismo pancista es particularmente intenso en lo que refiere a la crítica a las políticas culturales en Canarias y se explica, en parte, por el silencio de los perceptores de subvenciones y/o invitados a programas institucionales, como el propio Melini, por no irnos más lejos.

3. No pertenezco a la dirección del SILA ni hablo en su nombre. El SILA no es un seminario literario ni necesita de los escritores canarios: son los escritores (y editores) isleños los que podrían beneficiarse del SILA. Menos aun necesita a aquellos que ni saben ni les interesa en lo que consiste, como el propio Melini, por poner un ejemplo.