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Memoria viva de un volcán

   

La erupción del Teneguía se convirtió en un espectáculo de la naturaleza que atrajo a numerosos visitantes hasta Fuencaliente. / JUAN JOSÉ SANTOS

DAVID SANZ | Fuencaliente

Mientras Canarias vive con incertidumbre el surgimiento de un nuevo volcán en la isla de El Hierro, La Palma conmemora este miércoles el cuarenta aniversario del que hasta hace unos días fue el último volcán del Archipiélago en erupcionar, el Teneguía. Tal día como hoy, poco después de las 15.00, en una tarde calurosa de 1971, el suelo se abrió en Fuencaliente para que brotara de sus entrañas el Teneguía.

Su situación geográfica no representaba un peligro para la seguridad de la población. Al contrario, se convirtió en un polo de atracción para miles de personas y un revulsivo económico para el municipio. Por eso no es extraño escuchar todavía hoy en Fuencaliente que “ojalá nos salga otro Teneguía”, siempre que sea con las mismas características.

Será porque la memoria es selectiva y tiende a conservar los buenos recuerdos, porque también se vivieron jornadas críticas en Fuencaliente y en la comarca del Valle de Aridane, especialmente los días previos a la erupción. La población sufrió los terremotos que comenzaron a experimentar alrededor de una semana antes de que saliera el magma a la superficie. Estos movimientos precursores llevaron a muchos vecinos, no solo de Fuencaliente, sino también de Los Llanos de Aridane o El Paso, a dormir fuera de sus casas por miedo a los derrumbes.

Testigo

Jesús Ramón Pestana, vecino de Fuencaliente, vivió el momento de la erupción a escasos 300 metros. “Estaba vendimiando, era un año tardío, recogiendo el bujariego, la última uva que se coge. Había un ruido extraño y fijo, que venía de debajo de la tierra y enseguida fue cuando miré y vi el fuego”, recuerda Pestana con total nitidez este fenómeno que vivió cuando tenía 26 años.

“Tuve que dejar todo y coger cuesta Cansado, que es la montaña donde reventó el San Antonio. Fueron unos apurones porque allí había un barrio pegado y no sabía si reventarían más bocas. Corría lo que podía para Los Canarios”. Recuerda además que esa misma tarde, en la montaña de Las Tablas, no se veía sino multitud de personas que acudieron a contemplar la erupción desde esta atalaya. “En un pueblo que por entonces tendría 1.200 habitantes, se juntaron miles y miles de personas”.

Sin duda, el Teneguía fue también una explosión económica. “Los negocios que había aquí no daban abasto. El pan venía de fuera, porque las dos panaderías de Fuencaliente no eran suficientes. El que tenía dos o tres personas en un bar, tenía que poner doce, trabajando día y noche”, recuerda Pestana.

Nunca olvidará la luz que el Teneguía emanaba en medio de la oscuridad de la noche. Desde su casa, a algo más de un kilómetro del volcán, asegura que, cuando soltaba “bombas de fuego, podías leer una carta por la luz que daba”. El volcán estuvo activo hasta el 18 de noviembre. “Empezó a echar lava líquida, dio una explosión muy fuerte y de un momento a otro se quedó callado”.

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Cifras y letras

La Isla creció. Unas 29 hectáreas fue la superficie que ganó la lava a la Isla en la erupción del Teneguía. El volcán emitió 40 millones de metros cúbicos de material (el equivalente a rellenar un campo de fútbol hasta 5,7 kilómetros de altura).

El flujo. Las coladas registraban una temperatura de entre 950 y 1.050º C y su velocidad era lenta (0,7 km/h cerca de la salida y 0,1 km/h tras recorrer 800 metros). Datos obtenidos del tomo IV de la obra de Juan Carlos Carracedo Los volcanes de las Islas Canarias.

Bautizo. Hubo cierta polémica sobre el nombre. Se barajó San Evaristo, por celebrarse la onomástica el día de la erupción, pero finalmente se bautizó con el del emblemático roque Teneguía, que se encuentra en la zona.

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El siguiente episodio será también en Cumbre Vieja

No se sabe cuándo, pero dónde no hay duda. La dorsal de Cumbre Vieja será el escenario en el que se registre el próximo volcán que entre en erupción en la isla de La Palma. No necesariamente sería en el sur de la misma, como el caso del Teneguía; podría ocurrir en su zona norte o en el centro. Así lo aseguró el volcanólogo del ITER Nemesio Pérez, que además coordina las labores de vigilancia de este edificio volcánico.

Un control en el que se mide la sismicidad, desde 1997 los gases (hay tres estaciones químicas en la Isla, desde que robaron una) y la deformación a partir del año 2004, con tres antenas GPS. Además del seguimiento de la emisión de gases, Pérez explicó que anualmente realizan un estudio para medir cuánto dióxido de carbono emite todo el edificio Cumbre Vieja a la atmósfera. El científico aseguró que la tasa de emisión de dióxido de carbono medidas en Cumbre Vieja “son absolutamente normales”, entre 800 y 1.000 toneladas diarias.