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ADIÓS A UN VISIONARIO >

Muere Steve Jobs, el fundador de Apple

   

Fotografía­a de 2008 que muestra a Steve Jobs durante la presentación del Macbook Air, en San Francisco, California. / EFE

AGENCIAS – DA | Los Ángeles (EEUU)

El fundador de Apple y gurú tecnológico, Steve Jobs, que revolucionó el consumo electrónico con productos icónicos como el iPod, el iPhone o el iPad, falleció hoy a los 56 años.

Apple anunció su muerte en un comunicado en el que no especificó la causa del fallecimiento. “La brillantez, la pasión y la energía de Steve fueron la fuente de incontables innovaciones que enriquecen y mejoran nuestras vidas. El mundo es enormemente mejor debido a Steve”, dijo el consejo de administración de Apple en un comunicado.

Su familia precisó que Steve “murió en paz y rodeado de los suyos”. “En su vida pública, se le conocía como un visionario. En la vida privada, disfrutaba de su familia. Estamos muy agradecidos a la mucha gente que ha compartido sus buenos deseos y oraciones durante el último año de enfermedad de Steve”, indican sus familiares.

El anuncio -tan temido como esperado, ante los problemas de salud de Jobs en el último año- suscitó una lluvia de reacciones, desde el presidente de EEUU, Barack Obama, a millones de usuarios anónimos.

En un comunicado distribuido por la Casa Blanca, Obama rindió homenaje a alguien “entre los más grandes de los innovadores estadounidenses, lo suficientemente valiente para pensar de modo diferente, lo suficientemente osado para creer que podría cambiar el mundo y con el talento necesario para conseguirlo”.

A la reacción del mandatario estadounidense se sumaron las de numerosas personalidades y cientos de millares de usuarios comunes y corrientes que acudieron a la red de microblogs Twitter para rendir homenaje a uno de los grandes ídolos del siglo XXI.

Jobs ejerció como consejero delegado de Apple hasta finales de agosto, cuando renunció por no “poder hacer frente a sus obligaciones”, en lo que apuntaba a un empeoramiento de su salud y después de ocho meses de baja por motivos médicos.

El ejecutivo había superado un tumor de páncreas en 2004, un trasplante de hígado en 2009 y este año fue visto en centros para pacientes de cáncer, si bien nunca se confirmó que se le hubiera reproducido la enfermedad.

El 5 de enero Jobs aseguró en un comunicado que sus médicos habían determinado que sus problemas de salud tenían como origen un desequilibrio hormonal de tratamiento “simple y sencillo”.

En 2011 se prodigó muy poco públicamente y reapareció para la presentación del iPad 2 el pasado mes de marzo, un evento en el que fue recibido con una sonora ovación y en el que se mostró extremadamente delgado.

La imagen de Apple

Jobs fue el punto fuerte de Apple, que en la última década ha reinventado el modo en que se interactuamos con la tecnología. / EFE

La alta implicación de Jobs en el diseño y desarrollo de exitosos productos como los reproductores iPod o el teléfono iPhone, ha generado una imagen de dependencia que ha hecho cuestionarse al mercado si Apple seguirá siendo vanguardista sin su cabeza pensante al frente.

El pasado martes Apple desveló su nuevo modelo de iPhone, el iPhone 4S, en un acto conducido por Tim Cook, sucesor de Jobs, quien no acudió a la cita como solía hacer desde el debut en 2007 del revolucionario dispositivo.

Tras el anuncio de su fallecimiento, las tres banderas en la entrada de la sede de Apple en Cupertino (California), una estadounidense, otra de California y una tercera de la compañía, ondeaban a media asta. La página web de Apple ha cambiado su presentación tradicional de productos por una imagen de Jobs con sus años de nacimiento y defunción.

Carismático y visionario, Jobs había abandonado sus estudios universitarios en 1976 para fundar Apple ese año en un garaje de Mountain View junto con Steve Wozniak. Pero la abandonó en la década de 1980 debido al colapso de la empresa, aplastada por la competencia de las computadoras con el sistema de operación de Microsoft.

En ese momento creó Next Computer, que nunca fue un éxito comercial pero sentó las bases para su vuelta a Apple, donde se encargó del diseño de los iMac y, tiempo después, los iPod.

Desde 1997 fue el presidente ejecutivo de Apple, en una época en la que transformó la empresa en un gigante del sector tecnológico y en una de las compañías más rentables del mundo.

Uno de los empresarios más acaudalados de Silicon Valley, deja un patrimonio que, según los cálculos de la revista Forbes, alcanza los 5.100 millones de dólares.

Captura de pantalla de la web de la compañía, tras anunciar el fallecimiento de Jobs. / DA

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Una máquina de imaginar

Si algo caracterizó durante toda su vida al fallecido Steve Jobs fue ser capaz de imaginar lo que nadie sabía cómo fabricar y después fabricarlo y hacerlo humano.
Jobs soñó allá por 1974 con hacer una máquina amiga; una máquina para cuyo manejo no fuesen necesarios conocimientos de informática, ni haber oído nunca hablar de lenguajes de programación.

Su unión con Steve Wozniak, la otra mitad de la primitiva Apple, redondeó el proyecto. Jobs imaginaba cosas imposibles y Wozniak conseguía hacer que funcionasen.
En 1976 en un garaje -¿qué hubiera sido de la innovación americana si no hubiesen existido los garajes?- nació Apple I, que no era más que un teclado con un procesador conectados a un monitor.

Y soñó que ese aparato no necesitase libro de instrucciones y, poco a poco, en cada nuevo paso, fue simplificando el funcionamiento, haciéndolo más próximo al usuario, más humano. Parecía esconder la tecnología, a base de crear nueva tecnología.

Era de esas personas que cree todo lo que se imagina puede hacerse, lo difícil es imaginarlo.

Cuando los Steves consiguieron convertir en sueño en un negocio, comenzaron los problemas. En 1983 Apple Computer facturaba 2.000 millones de dólares y los tiburones financieros vieron que la locura de aquellos dos muchachos era un negocio.

La salida del Macintosh aumentó el negocio y multiplicó las ventas. Un nuevo artilugio era la base del invento, el ratón, instrumento que ya habían probado en el 81 en el Apple Lisa, pero que ahora se convertía en una herramienta mágica, capaz de traducir las órdenes del usuario a partir de un movimiento con el dedo.

Pero los sueños se ahogaban en el negocio y Jobs salió de la compañía para soñar en nuevas aventuras. Le compró a George Lucas la división de animación y sobre ella creo los estudios Pixar, que revolucionarían las películas de “dibujos”.

El mundo del arte le reconoció el mérito y el 1989 el cortometraje de Pixar “Tin Toy” se llevó el Oscar al mejor corto de animación y en 1996 llegó el segundo con “Toy Story”.

Pero su “hijo” era Apple y a finales de 1996 volvió a la empresa y a partir de ahí, la explosión.

Se convirtió en el presidente peor pagado del mundo. Su sueldo era de un dólar y su oficio, nuevamente, imaginar. De su cabeza salió el iMac donde además de tecnología y sencillez nació otra de las que habían ser la seña de identidad de la compañía: el diseño, lo bonito.

Apple empezó a hacer las cosas bonitas, deseables y comenzó la leyenda. Nacieron los “maqueros” caracterizados por pertenecer a una secta que estaba reñida con los “peceros” y con todo lo que sonase a “ventanas”.

Pero la leyenda no había hecho más que empezar. En el 2001 aparece una pequeña cajita blanca con una rueda como todo accesorio y que solamente servía para escuchar música. La llamaron iPod y no se parecía a nada de lo existente. No tenía botones. No se sabía cómo podía funcionar aquello. Solo los miembros de la secta podían hacer la magia de que sonase.

Pero la magia sólo requería un dedo y una vez revelado el secreto todos accedían a ella. A la música le siguió la imagen y el iPod se convirtió en un signo: llevar unos auriculares blancos era la señal que distinguía a los seguidores.

Pero la “secta” se hizo masiva. En menos de nueve años más de 220 millones de aparatos blancos estaban en el mercado. Al blanco se unió el negro; la caja original varió de tamaño; las pantallas se llenaron de color y era hora de pensar en el siguiente escalón. A todo ello se le unió un teléfono: nació el iPhone, el teléfono más sorprendente en su momento y más deseado.

Una característica fundamental descolocó a los competidores: se manejaba con un dedo y la pantalla cobro vida, se hizo táctil.

Y su último sueño fue convertir el teléfono en un ordenador sin teclado, sin ratón, que no pesa y que está en conexión permanente a internet en cualquier lugar. Había nacido el iPad. En tres meses vendió más de tres millones de aparatos y nuevamente todos los competidores a correr detrás.

Pero el páncreas venció a la imaginación y desde enero del 2009 su salud se quebró. Volvió al trabajo, pero dos años después tuvo que volver a despedirse. Hoy se ha despedido del todo, pero su visión permanecerá para siempre en Apple… y en todos sus competidores.

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