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“Nos pidieron que huyéramos del volcán a toda máquina”

   

Carlos Barreda junto al robot que tomará muestras del agua y que fue transportado en un helicóptero a la isla. | FRAN PALLERO

VICENTE PÉREZ | El Pinar

Navegar sobre un volcán activo es una experiencia apasionante para un científico que estudia el mar, pero no está exenta de riesgos. El buque Profesor Ignacio Lozano, del Instituto Canario de Ciencias del Mar, tomaba el sábado muestras de agua en la zona donde ocurre la erupción de El Hierro cuando le dieron la orden de huir del lugar al comprobarse desde un helicóptero que había piroclastos flotando, es decir, lava con gas que sale a flote humeando.

A bordo de este barco estaba Carlos Barreda, coordinador científico del Platafoma Oceánica de Canarias (Plocan), entidad formada por el Gobierno de Canarias y el Ministerio de Ciencia y la Innovación.

“Nos ordenaron salir de allí de manera urgente, porque nos dijeron que corríamos peligro, y salimos a toda máquina, aunque este barco no va a más de nueve nudos”. relata en el puerto de La Estaca, con un pie en el muelle y otro en el barco, propiedad del Gobierno canario, en el que pasa largas horas procesando los datos recabados en La Restinga y el Mar de las Calmas, que pueden contribuir a que los geólogos hagan un mejor seguimiento de este fenómeno.

Han pasado ya unos días desde aquel episodio, que los periodistas pudieron divisar con cierta preocupación desde la carretera que baja hacia La Restinga, pues en ese mismo momento se comunicó a los enviados especiales de los medios de comunicación que debían evacuar el cruce entre esta vía y la de Tacoron, pues se había decidido ampliar el perímetro de seguridad ante el aumento del riesgo de una erupción ya aérea.

Esta retirada de emergencia obligó al barco a dar un rodeo impresionante para llegar al puerto de La Estaca, rodeando la isla por el sur y retornando por el oeste, una travesía que duró casi seis horas, el triple que por el este, y además con unas malas condiciones en la mar.

Eso sí, en ningún momento navegaron justo sobre el lugar donde se manifiestan las emisiones del foco volcánico submarino, que en días pasados era visible perfectamente desde lejos, como el ojo de un huracán, con piroclastos humeando. “Nos acercamos a unos 200 metros, por precaución”, aclara.

“Además, íbamos provistos de mascarillas, guantes y caretas, por si acaso, pero medimos los gases para si los niveles de CO2 y de azufre eran tolerables para nosotros, y como vimos que sí, accedimos a la zona”, explica, en la placentera tranquilidad del puerto de La Estaca.

Carlos Barreda junto al buque 'Profesor Ignacio Lozano'. | FRAN PALLERO

Hasta el martes, sólo habían podido salir a navegar cerca del volcán dos días desde que el viernes llegaron a El Hierro, debido al empeoramiento de la erupción, aunque su actividad ha decrecido de manera notable en las últimas horas hasta el punto de que la mancha marrón provocada por la salida de la lava a menos de 150 metros de profundidad ha disminuido.

“El fin de semana fuimos al Mar de Las Calmas, cuando aún no estaba afectado en superficie por la mancha, pero al sondear vimos que a cien metros de profundidad sí se notaban los efectos de la mancha, arrastrada por las corrientes profundas”, comenta este científico. Según sus cálculos, el 90% de la zona ya presentaba un azul turquesa, indicador de que está contaminada por las emanaciones sulfurosas, por el cambio en la direccion de la corriente superficial.

Desde el Profesor Ignacio Lozano se han tomado muestras de agua para medir parámetros como la salinidad, la temperatura, el oxígeno disuelto, la turbidez y el PH. Este último es prcisamente el que más ha variado tras la erupción, que se ha acidificado e medio marino, matando a los peces. “De un PH básico de entre 8 y 8.2 se ha pasado a otro de entre 6.6 y 6.8, y eso es un cambio muy grande, de modo que con esas condiciones prácticamente es imposible la vida, porque es como arrojar bidones de lejía en el mar”, observa Barreda.

El investigador del ICCM precisa que los peces muertos son sobre todo las especies bentónicas, es decir, ligadas al fondo marino, como morenas, sargos, meros, abades, calamares, pulpos, peces trompeta o salemas. El resto de parámetros medidos por el Plocan no han sufrido cambios apreciables, como la temperatura o el oxígeno disuelto.