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No es casualidad que justo al lado del estadio donde jugó ayer el Tenerife se encuentre un Leroy Merlin. A este equipo le falta mucho bricolaje y unas cuantas manos de cemento táctico, y ya de paso podía haber aprovechado el director deportivo para pedirle al presidente unos eurillos para materiales de construcción y cederlos al entrenador para continuar con la edificación del equipo.

Los datos y los números no engañan. Por encima de las opiniones, las percepciones y las sensaciones están los resultados y las estadísticas. Y esas nos dicen que el Club Deportivo Tenerife no gana fuera de casa desde el once de septiembre (mucho para un aspirante); solo ha sumado dos puntos de los últimos doce que ha disputado a domicilio (poco para un aspirante); únicamente ha metido un gol, y de falta, en esos cuatro partidos mencionados ante Getafe B, Real Madrid Castilla, La Roda y San Sebastián de Los Reyes. Un solitario gol en más de 360 minutos de fútbol, y que no haya sido de jugada, sino de libre directo, habla mucho de la escasa productividad goleadora que debería tener un aspirante al ascenso como este nuestro Tenerife. Y eso es lo que me genera dudas, lo que me las sigue manteniendo ya con once partidos de competición disputados.

Y luego está el tema del entrenador. Y ahí ando perdido. Ayer en la transmisión de Teide Radio-Onda Cero utilicé el término de desconcertante para calificar las acciones del técnico del Club Deportivo Tenerife. Y lo mantengo. A pesar de las explicaciones en rueda de prensa no acabo de comprenderlo. Sé que los cambios y la salida del campo de los dos delanteros, Kiko Ratón y Jorge Perona, y la entrada de Nico y Víctor Bravo obedece a la idea de buscar una alternativa en el juego ofensivo y sorprender al rival con la calidad de Bravo, Nico, Tacón y Zazo, este ultimo actuó como referencia arriba en fases de la segunda mitad. Y mi modesta opinión es que ayer no era el partido para probar esa idea. Y por lo tanto volvió a zozobrar el mando del timonel Calderón. Y las vías de agua no fueron mayores por un par de buenas paradas de Sergio Aragoneses (gracias por estar siempre ahí) y porque el rival no daba para mucho más. El timonel Antonio Calderón volvió a confundir a sus grumetes y puede que hasta a la plana mayor del navío blanquiazul que estaba ayer en el palco del ¿estadio? madrileño.

Se vuelve a dejar dos puntos en el camino el Club Deportivo Tenerife y alimenta otra vez los fantasmas de la doble cara del equipo en casa y fuera. Una de cal y otra de arena. Sé que sumar es importante y que un punto es un punto y tal, pero ese discurso repetitivo no me vale del todo cuando luego ves la respuesta de fútbol que el equipo tiene en el terreno de juego.
Más madera que se apaga la caldera.