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Palabras polémicas > Leopoldo Fernández

   

Se ha levantado una tormentilla política a cuenta de las afirmaciones domingueras de Paulino Rivero en su blog personal. Según el presidente, el Gobierno que salga de las elecciones generales del 20- N ha de tener muy presente que Canarias “debe ser asunto de Estado o se convertirá en un problema de Estado”. No se trata, a mi juicio, de un juego de palabras, un recordatorio de deudas u obligaciones o una intimidación velada. Todos los presidentes autonómicos han querido decir lo mismo, con frases parecidas y el mismo respeto institucional que apunta Paulino Rivero.

¿Cómo no va a preocupar al Estado o, por mejor decir, al Gobierno del Estado el que una comunidad autónoma se acerque al 30% de paro, incremente sus índices de pobreza y siga con problemas estructurales de difícil solución? No hace falta advertir sobre eventuales tensiones sociales y territoriales que nadie desea: sería delito de lesa patria que quien ostente la responsabilidad del Gobierno de España no preste especial atención a los problemas de las Islas, agravados ahora por razones coyunturales, por argumentos obvios de solidaridad, ultraperificidad y necesidad de tratamiento específico. No creo que el jefe del Gobierno canario pretenda lanzar un aviso a navegantes, menos aún una amenaza, que, si herir no es bueno, amenazar no es ni bueno, ni prudente. Sea cual fuere el Gobierno que se constituya tras el 20 de noviembre, seguro estoy de que prestará a Canarias la atención que merece -Zapatero lo ha hecho a su manera, mitad verdad mitad mentira, y Rajoy conoce bien las Islas, porque viaja aquí con frecuencia para visitar a sus padres, y es muy receptivo con los problemas de esta tierra-. Ana Oramas acaba de recordar que sus relaciones con el PP son inmejorables, así que en esa línea cabe situar el porvenir, si las urnas confirman los pronósticos. Como es lógico, a los gobernantes canarios les corresponde la parte alícuota de responsabilidad como administradores más cercanos de los intereses de esta tierra. Resultaría fácil echar a un tercero las culpas de todo lo malo que nos sucede.

Como decía Richelieu, “que me den seis líneas escritas por la mano del hombre más honrado y servicial y hallaré en ellas algún motivo para ahorcarlo”; quiero decir que no se puede estar permanentemente mirando hacia el Ejecutivo central y hacia Bruselas en busca de subvenciones, ayudas… Lo que sea justo y necesario, sí, sin reservas ni remilgos; pero las regalías ya se han terminado en esta hora de dificultades para todos, donde el consenso, el esfuerzo y la concordia deben primar a la hora de efectuar el justo reparto de cargas y utilidades.