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la claqueta > fran domínguez

Poeta de imágenes

   

A Terrence Malick se le puede calificar de muchas cosas -y a fe cierta que así lo han hecho- menos el de ser un tipo prolífico y, sobre todo, rápido. Sin embargo, pese a registrar sólo cinco películas en casi 40 años -un amigo cercano diría que se toma excesivamente su tiempo-, lo cierto es que el director norteamericano ha sabido rentabilizarlas bastante bien, pergeñando de paso en su persona el ropaje de genio perfeccionista y, como tal, positivamente caprichoso.

El Árbol de la Vida, su último filme, tras El Nuevo Mundo (2005) y tras La delgada línea roja (1998) -la prefiero a su contemporánea Buscar al soldado Ryan, de Steven Spielberg-, ya ha saboreado (si bien le importa poco o nada) las mieles del triunfo con la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes y el beneplácito mayoritario de la crítica. Si el universo personal de Malick discurre por la senda del simbolismo y lo trascendental, su obra, por supuesto, le va a la saga. El Árbol de la Vida no podría haberla filmado otro que no fuese esta suerte de poeta de las imágenes. Y es que el alma de filósofo de Malick le impulsa a mostrarnos aquí un viaje dual, acaso paralelo, entre la eclosión del Universo y la gestación del planeta Tierra y el devenir de una familia de clase media norteamericana, dominada por un padre autoritario, tal vez metáfora del Gran Hacedor bíblico (un Brad Pitt más que comprometido con la causa, no en vano es el productor de la cinta), en el que se reflexiona sin tapujos ni complejos sobre la propia existencia, sobre la muerte, sobre Dios; en definitiva, sobre la vida misma.

Evolución de las especies, del propio ser humano; la religión, el cristianismo, lo metafísico, aparecen como un auténtico elefante en una cacharrería pero sin causar ningún estruendo, en una película en la que pronto te ronda por la cabeza un título mítico, 2001: una odisea del espacio (1968). Podrá gustarte o no la propuesta de Terrence Malick, repartida por cerca de 140 minutos de metraje, aunque seguro que no te deja indiferente su potente poder visual.