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Esto no se cobra > por Cristina García Maffiotte

Pronóstico (pos) electoral > Cristina García Maffiotte

   

A esta misma hora, el día 21 de noviembre, exactamente dentro de 37 días, usted, usted, sí, también usted, estará de malhumor y ese estado de ánimo nada tendrá que ver con el resultado del recuento de votos ni con el hecho de que sus preferencias políticas ganen o pierdan. Ese día, usted se levantará con un ligero malestar que se irá convirtiendo en mosqueo y al caer la noche su enfado llegará a la categoría de monumental cabreo. Da igual si el día anterior usted rompió su rutina dominguera y se acercó a votar o si pasó de todo y le hizo un corte de mangas al sistema democrático. Esa sensación de enojo no la va a evitar haga lo que haga.

Probablemente, si es usted una persona a la que le gusta leer los periódicos, escuchar los informativos de radio y seguir los telediarios empezará a mostrar síntomas en breve. Quizás, hoy mismo. Cuando usted encienda la tele y ponga la radio se encontrará los informativos llenos de noticias sobre la manifestación de los indignados. La gente habrá salido a la calle, en unos sitios más masivamente que en otros, con lemas de todo tipo y escritos en diferentes idiomas. Se habrán coreado todo tipo de eslóganes pero, en el fondo todos rezumaban la misma idea. Un mensaje de protesta contra el actual sistema que al no encontrar eco dentro del mismo estará tristemente condenado a morir donde se inició; en la calle. Y por eso, usted empezará poco a poco a torcer el gesto. Promover cambios desde las aceras y no desde las instituciones es casi imposible y no porque las reivindicaciones no sean justas, necesarias o, incluso, vitales; simplemente porque los llamados a ejecutarlas ni pueden, ni quieren, ni son los más adecuados para llevarlas a cabo. El suicidio político de asumir desde dentro las reivindicaciones que se escuchan en la calle no está contemplado por ninguna formación política con opciones de ‘tocar’ poder y quienes sí las incluyen de verdad, y no como un guiño a pie de página en un programa electoral, no tienen ninguna posibilidad de sentarse en la misma sala con los que toman las decisiones. Pero eso es algo que usted ya sabe. Ya lo intuyó cuando la acampada de Sol se prolongó más de lo necesario y cuando empezó a comprobar que los medios de comunicación, a fuerza de intentar encontrar cada día una noticia distinta entre los toldos que hacían de casetas, acabaron centrados en la anécdota y no en el fondo. Pero una cosa es saberlo y otra cosa es el resquemor que empezará a notar hoy mismo cuando vea a los distintos líderes políticos sonriendo y haciendo su particular y condescendiente lectura del éxito o fracaso de la convocatoria.

Con esa sensación de haber constatado que los gritos de la calle no tendrán respuesta en el debate electoral, usted afrontará las siguientes semanas con un desasosiego que irá in crescendo a medida que pasen los días y el debate electoral vaya ganando en intensidad. Le sucederán luego días y días de cuñas publicitarias, monólogos disfrazados de debates y cientos de carteles y vallas. Seguirá atento al cruce de ideas, promesas, proyectos, planes y soluciones a esos problemas que le están agobiando. Oirá hablar de cifras de paro, de planes de empleo y de ayudas que como el maná nos permitirán sobrevivir y hasta engordar en ese desierto. Empezará a comprobar cómo en su muro de Facebook y su pantalla de Twitter sus amigos de toda la vida han desaparecido sepultados por una avalancha de mensajes lanzados por sus nuevos coleguitas políticos que sonriendo desde sus fotos, le invitarán a participar con sus ideas y le pedirán su opinión. El punto álgido de su inminente y segura irritabilidad llegará justo 15 días antes del 20 de noviembre. Ese día, al levantarse se encontrará la calle empapelada de gente sonriendo. Notará en ese momento un escalofrío que le recorrerá la espalda pero, probablemente, no le dará más importancia y quizás lo achacará a la extraña sensación de sentir que los candidatos forman parte de la, como siempre adelantada, campaña navideña de El Corte Inglés.

Pero el día 21 de noviembre… eso será otra cosa. Ese lunes usted se levantará y empezará a escuchar bien temprano las primeras declaraciones de los vencedores y los vencidos. Comprobará cómo unos y otros empiezan a apuñalar sus programas electorales que aún guardan el calor de su paso por imprenta. En ese momento, justo cuando unos y otros empiecen a señalar como prioridad el reparto de cargos, sueldos y coches oficiales usted notará una sacudida. Será la constatación de algo que ya sabía pero en lo que no había caído. La idea llevaba latente en su cabeza desde hacía 37 días y sin embargo, justo hasta ese momento no atará todos los cabos. En ese preciso instante usted caerá en la cuenta de que los candidatos que lleva días viendo en los carteles y vallas no sonreían: se estaban riendo. De usted, de usted y, sí, también de usted. De todos.