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Querido amigo > Jorge Bethencourt

   

El día que te dieron un tiro en la nuca, en medio del monte, algo se rompió en mi corazón. Siempre había entendido que el pueblo vasco, como todos los pueblos, tiene derecho a plantearse libremente su destino a partir de su propia identidad. Para mí siempre han existido dos naciones, uno mismo y el mundo. Todo lo que hay en medio son inventos, conveniencias, posos de la historia que se representan con trapos llamados banderas, himnos y ejércitos. Todo eso me la pela. Porque la patria siempre es pequeño el lugar donde naciste y todo lo demás son fronteras que ponen los que cobran impuestos.

Es verdad que antes de ti hubo otros muertos. Muchos muertos. Y no acierto a explicarme por qué todas esas vidas robadas no rompieron algo en mi interior. Pero fue la tuya. Tal vez porque tuvieron la crueldad de dejarte vivir unos pocos días, dejándote sufrir todas esas horas inútiles, esas horas de tortura, esas horas en la que tuviste todo el tiempo para morir una y otra vez en tu imaginación.

Desde el día en que te encontraron con dos tiros en la cabeza en los alrededores de Lasarte perdí la capacidad de entender a mis amigos vascos independentistas. A mis amigos que, sin ser violentos, justificaban ETA como una consecuencia de los errores del Estado español. A mis amigos, que, entre zurito y zurito, pontificaban sobre la raíz política del conflicto vasco. A mis amigos que, aceptando que los muertos, las bombas, los tiros en la nuca, eran una barbaridad, siempre añadían ese maldito “pero” inevitable.
Ayer, Miguel Ángel, después de preparar el escenario, ETA ha anunciado, por fin, que deja de matar. Y ha pedido a los gobiernos de España y Francia abrir un diálogo para resolver “las consecuencias del conflicto” (o sea, tú). No me jodas. A ver cómo salimos de esta. ¿No? A ver cómo nos tratáis ahora que vamos a ser buenos.

Ningún país, nación o estado vale una sola vida. Ese fue el grave error de los freedomfighters -según la prensa internacional- del pueblo vasco. Sé que llegarán a acuerdos. Que dentro de unos años se irán dulcificando penas pendientes, por muchas palabras altisonantes que escuchemos hoy. Y no puedo evitar entenderlo. Y sentirme aliviado porque acabe de una puñetera vez. Yo no puedo evitar recordarte en esta hora. Y pensar que tu miedo y tu muerte, como la de tantos, ni sirvió para nada. Vaya mierda.

Twitter@JLBethencourt