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A mí me emociona la grandeza del PP en la oposición. Porque, aunque la modestia les lleve a ocultarlo, el Partido Popular de Canarias no pisaba oposición firmemente desde el año 1996. Entre Manuel Hermoso y Bravo de Laguna se firmó, en 1995, un pacto que, sometido a tensiones y rifirrafes, a actualizaciones y relecturas, se prolongó hasta hace un año, en unas ocasiones, con el PP compartiendo tareas de gobierno con los coalicioneros; en otras, limitándose los primeros a un leal apoyo parlamentario a los segundos. Ahora, por fin, liberado de las pesadas cadenas de los pactos, esos acuerdos que solo suscribieron por su heroico patriotismo y su responsable afán por la estabilidad institucional, el PP puede comenzar a ser él mismo.

Qué alivio, chico, poder ser uno mismo, sin enjuagues ni ataduras. Obviamente ser uno mismo obliga inexorablemente, después de tanto tiempo congelado en la responsabilidad como un pargo en una cámara frigorífica, a reinventarse profusamente, y el PP de José Manuel Soria lo está haciendo con un entusiasmo digno de Madonna.

Y el principio básico de la metodología de la reinvención automática es que el PP no tiene absolutamente ninguna responsabilidad en la acción del Gobierno de Canarias y jamás la ha tenido y nadie podrá demostrar lo contrario, aunque más de un centenar de sus militantes hayan sido consejeros, viceconsejeros y directores generales bajo los mandatos de Hermoso, Román Rodríguez, Adán Martín y Paulino Rivero.

De esta manera el PP, y en particular su grupo parlamentario, atizado por la férula de la señora María Australia Navarro, es capaz de criticar duramente la política económica del Ejecutivo, que se empecina en no acatar la sana doctrina conservadora.

Esta operación debe omitir, necesariamente, los caóticos presupuestos generales para el año 2010 que diseñaron el señor Soria y su particular Atila económica, la señora Rosa Rodríguez, prodigioso artefacto contable que abocó al Gobierno a cerrar precipitadamente las cuentas públicas en octubre del pasado año para evitar una generalizada suspensión de pagos.

Que los responsables de semejante desaguisado ofrezcan ahora lecciones de eficacia y eficiencia es una prueba más del admirable rebirthing del Partido Popular, que se manifiesta, con similar intensidad, en su reclamación de la presidencia de la Audiencia de Cuentas y la exigencia de una participación mayoritaria en el Consejo Consultivo o la Comisión de Control de la RTVC. Durante cuatro años colaboraron con CC para bloquear la renovación de estos órganos porque el PSOE disponía de 26 diputados. Pero el pasado no existe. El PP solo es presente. Soria jamás ha llevado bigote, y quien lo niegue, miente.