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Roberto Camacho, un ser humano imprescindible

   

Roberto Camacho lidera el movimiento vecinal insular y reclama más sensibilidad al político. | J. R. (ACFI PRESS)ss)

EUGENIA PAIZ | El Paso

Roberto Camacho es una de esas personas que, a fuerza “de estar y de hacer”, se ha convertido en figura imprescindible para los vecinos, no sólo de su barrio, Las Manchas, sino de la comunidad educativa del colegio Adamancasis, del que ha sido director en los últimos 26 años, y del movimiento asociativo de los ciudadanos en toda la Isla.

De su carácter emprendedor, de su vitalidad y creatividad, dan cuenta algunos hechos objetivos que han podido pasar desapercibidos para el conjunto de la Isla, pero no para las gentes de su barrio, donde nació hace ya seis décadas. Fue el impulsor de la única declaración de Bien de Interés Cultural que se ha llevado a cabo en toda Canarias a instancias de un ciudadano particular. La Iglesia de Las Manchas sobrevivió después “de luchar contra la posición de dos curas”, el primero de ellos cuando sólo contaba 15 años de edad y dado que “entendía que la iglesia se quedaba pequeña”.

Tanta fue su oposición al derribo del templo, monumento ahora protegido y que data del siglo XVI, que su certificado de buen comportamiento para ejercer como maestro en la década de los 70 tuvo que ser expedido por el cura de Los Llanos de Aridane, y ante la negativa de su párroco en Las Manchas.

Se resta importancia por sistema, pero ha conseguido la unión de las asociaciones vecinales más numerosas de la Isla en el pleno convencimiento de que “los intereses de los políticos pocas veces o ninguna coinciden con los de los vecinos”.

Teleclub

Trabaja desde ese convicción desde hace décadas, primero desde su adorado barrio de Las Manchas que “forma parte de los municipios de El Paso y de Los Llanos de Aridane y al mismo tiempo de ninguno de los dos”, y en el que comenzó esa actividad en la etapa franquista en el entonces teleclub. En esos centros de recreo autorizados por el régimen “no podíamos decir que éramos una asociación de vecinos, pero eso éramos exactamente”. Su carácter luchador quizás provenga del espíritu que llevó a los vecinos del barrio manchero a trabajar para poner dinero de su bolsillo y tener agua sin restricciones tras muchas penurias en las que “se racionaba el agua que tocaba a cada vecino en una libreta”. De padre paredero y de madre agricultora, ganadera y ama de casa, Roberto define a su progenitor como “un escultor”, y habla con satisfacción de su compromiso con la agricultura de subsistencia, de la que vivió su familia durante muchos años y de la que tomó parte desde los 11 años de edad.

Con desilusión, por la falta de ímpetu de la clase política pero optimista respecto al futuro, reconoce que es “representante de los vecinos en el Consejo Social del Cabildo, también en el Consejo Insular de Salud, y en ese mismo órgano de la sanidad en el Valle de Aridane, pero lo cierto es que ninguno ha hecho nada práctico en los años que llevo acudiendo a reuniónes”. Considera que “los ciudadanos tenemos que ser garantes de la democracia, de todo en lo que creemos y que nos ha costado tanto conseguir”. Así, y pese a su desilusión con los políticos, recalca que siempre va a votar.

Roberto Camacho tiene una faceta artística que desarrolla con la dirección de un grupo de teatro conformado por las personas del barrio mayores de 70 años. “Por imposición de los guiones de nuestras obras costumbristas los actores se disfrazan y hasta se sacan la dentadura si hace falta”, asegura.