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Rosario 2.0 > Conrado Flores

   

Los espacios de teletienda son ya un clásico de la televisión. Insomnes y corazones solitarios se dejan hipnotizar cada madrugada con publirreportajes de cuchillos afiladísimos, picadoras multifuncionales, aparatos de abdominales o alargadores de pene. Los vídeos van aderezados con una serie de testimonios de personas atractivas y fibrosas que aseguran haber sido feas y obesas hace poco más de un mes. Un locutor en off repite tantas veces lo maravilloso que es el producto que llegas a creer realmente que ese quitapelusas de la tele te cambiará la vida. Son tan convincentes que para cuando dicen eso de “¡llame ahora!” tú ya has encargado uno para ti y otro para tu madre. Porque, además, si llamas entre los cien primeros, te regalan un pack de recambios y un doble cd de canciones románticas de los 60.
He de reconocer que algunos de estos productos me han dejado con la boca abierta, lo admito. Nunca llegué a pedir ninguno, es cierto, pero quizás porque me quedé dormido. La pulsera que “emula ambientes naturales para la producción de corrientes de iones negativos beneficiosos para la salud” es algo bastante ocurrente pero lo del Rosario electrónico con la voz original del beato Juan Pablo II es para quitarse el sombrero. Para que nos hagamos una idea, esto como comprar a un aficionado a la Fórmula 1 un GPS para coche con la voz de Fernando Alonso. Vamos, una pasada. ¡Y sólo por 59,95 euros!
El aparato es un pequeño dispositivo portátil, con forma de huevo, y cuya ventaja respecto al santo Rosario analógico de toda la vida radica en que “mientras reza todos los misterios, usted podrá dejar su mente libre de problemas, el corazón tranquilo y además practicará los preceptos del catecismo”. Además, por si el fiel cae dormido mientras reza todos los misterios, cabe destacar que también cuenta con la función de apagado automático.
La tecnología quiere llegar a los fieles, está claro. Lo de sustituir el fuego de las velas por bombillas en máquinas para pinchar monedas fue sólo el principio. Dentro de un par de décadas te podrás descargar la misa llevando tu pendrive a la casa del señor o a través de la página web de tu parroquia. Para las penitencias -que el sacerdote nos podrá imponer por email o a través de Facebook-, usaremos el Rosario 2.0.