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Rousseff-Kirchner: dos mujeres, dos estilos > Gerardo Daniel Settecase

   

Tras el triunfo del domingo pasado en las presidenciales de Argentina, sus habitantes esperan que la reelecta Cristina Kirchner, además de cumplir sus promesas electorales, desplace de su entorno a personas vinculadas a su Administración imputados o sospechados de corruptos, tal como realiza Dilma Rousseff en Brasil, y a democratizar su relación con todos los sectores de la sociedad, simpatizantes u opositores, hoy extorsionados a través de sus fuerzas de choque: piqueteros, sindicatos y líneas internas del justicialismo.

Sin embargo, la diferencia entre Cristina y Dilma, entre justicialismo y PT, es el qué hacen ante situaciones similares. El justicialismo nunca ha buscado demostrar transparencia ni puertas para afuera, como lo hace el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, ni acepta la oposición cuando gobierna.

Es verdad, Cristina no padece dentro de su gobierno lo que parece ser una plaga de corrupción, como le ocurre a su colega de Brasil, y que ya representara un fuerte dolor de cabeza para Lula da Silva.

Cristina Kirchner mantiene funcionarios, querella los denunciantes y abre un frente de batalla contra los medios de comunicación que exhiben la trama, mientras que Dilma Rousseuff los pone de patitas en la calle.

Y éste es el modelo que en Argentina se envidia de Brasil, pese a haber reelegido a Kirchner como premio por lograr reducir la pobreza y marginación, ampliando los sectores a los que llega la educación y salud pública, y combatir la explotación laboral y la evasión impositiva, entre otras asignaturas a su favor.

La diferencia es que para que ello llegara a buen puerto, Lula antes y Rousseff ahora, lo primero que hicieron fue descabezar la corrupción interna, por lo que enumerar ministros, viceministros y una extensa lista de cargos públicos de designación política que fueron a parar a la calle solo por ser sospechados. Sería largo y tedioso. Kirchner no.

Lo siguiente que respetan Dilma y el PT es una libertad y una tolerancia que envidiarían países del primer mundo, mientras que la Argentina de Cristina Kirchner, ya desde el gobierno de su esposo Néstor, se ha caracterizado por una asfixiante persecución a la oposición, a los medios de comunicación no afines, y a los sectores productivos que no aceptan el aporte de la dádiva sindical para con las entidades de este orden afines al kirchnerismo, más el trabajo en barrios de clase media, clases bajas y marginales, donde el clientelismo político apoyado con regalos y subsidios va acompañado de la amenaza de su suspensión o la violencia física si no se asiste a actos oficiales para aplaudir a Cristina y sus ministros.

Cristina y Dilma tienen amplia mayoría y reciben el favor de sus ciudadanos por sus logros. Pero también por sus estilos. Aunque muchos, en Argentina, preferirían el de Dilma.

gerardoctkc@gmail.com