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Salir de esta > Randolph Revoredo

   

Es verdad que hay posibilidad de solucionar la crisis del euro que actualmente se sufre. Aunque el problema es bastante más complejo, de salida complicada, haberlas haylas pero matizando. David Jacob, entrevistado en Financial Times plantea con mucha nitidez las alternativas disponibles para salir de atolladero: el problema de deuda a largo plazo se sale “inflando, recortando o creciendo”. Devaluar la divisa -inflar- es algo que ya está en las mesas de los bancos centrales, especialmente en la Reserva Federal con el dólar americano que lleva tiempo beneficiándose de su condición de divisa de reserva internacional. La imprenta de billetes va a toda pastilla, como si nada.

No obstante el Banco Central Europeo -cuya área de acción es donde reside la crisis- lo ve de otra forma. Prácticamente controlado por la filosofía anti-inflacionaria y ascética alemana se le ve lejos de tal objetivo. Vale la pena recordar que al devaluar una moneda los acreedores internacionales ven automáticamente que recibirán menos que lo que esperaban recibir. Es una salida fácil e históricamente muy utilizada por gobiernos no sin consecuencias que van desde recrudecimiento de la inflación hasta -en caso extremo- la guerra. La ora opción es el impago, el temido “Default”.

Hay que decir algo más. La devaluación del dólar hace que la divisa china le siga el paso replicándole, lo que hace que el impacto vaya hacia un Yen y un Euro al alza respecto al dólar. Por esto si la salida pasa por que Alemania de su brazo a torcer y permita la devaluación -dando licencia al BCE para imprimir billetes sin respaldo- Japón se verá sumida en una radicalización de crisis monetaria (que ya sufre, por la manipulación de la divisa china) lo que le obligará a sumarse al coro de devaluación global. Y como el problema del endeudamiento tiende a ser global, exceptuando las grandes economías emergentes: Estados Unidos parece que superará el 100% de endeudamiento en relación con su PIB antes de fin de año, algo nunca visto desde la Segunda Guerra Mundial.

Inflar no es más que una solución temporal. Recordamos al historiador Niall Ferguson cuando reflexiona sobre cómo la deuda excesiva tiene la capacidad de acabar con imperios enteros; y a Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff diciéndonos que deuda superior al 90% del PIB frena el crecimiento en al menos un punto porcentual, asunto que aplicado a Europa es mucho porque las tasas de crecimiento de los países de la zona euro son totalmente anémicas.

Dicho esto, retomemos el punto inicial. Inflar es como la morfina: alivia creando adicción y no cura. La segunda opción que nos menciona David Jacob es “recortar”. Austeridad: cura pero duele que te cagas. Recortar gastos de forma draconiana y asumirlos estoicamente. Una vía traumática con costes políticos inmensos (inasumibles para muchos casos) y con impacto inmediato en el crecimiento, el empleo y la paz social. Una solución sana si después del trauma se aprende que con la deuda no hay que jugar alegremente y se cambian hábitos, valores de una vez por todas. Pero esto es como decir que que los italianos dejen de ser menos ellos y sean más alemanes. Idem España, Grecia, Portugal: y aquí se vive muy bien.

La tercera vía es salir de la crisis “creciendo”. O sea, que seamos capaces de volver a los viejos tiempos, que la burbuja siga creciendo y que la bola de nieve siga creciendo; mientras no se encuentre un obstáculo en su camino. Esta vía ya se utilizó y es la de la burbuja tecnológica, la burbuja inmobiliaria. Reactivar Europa es cosa casi imposible, plantea Jacob, porque la zona euro carece de flexibilidad en sus mercados (laboral, de capitales, de competencia, etc.) lo suficiente como para que exista esa recuperación; no sin importantes reformas.

Por eso. Salir de esta, lo que es responder a la pregunta “¿Cómo salir de esta?” es, repetimos lo dicho en otra parte, perder la perspectiva. La actual situación obedece a una forma de estructurar el funcionamiento de la economía sobre pies de barro, que cederán tarde o temprano. Es cuestión de tiempo. Basar un modo de vida en el crédito es un error.

El respetado analista Stephen Roach parece coincidir en nuestra posición. En un artículo denominado Los otros 87 déficit de Estados Unidos pone los puntos sobre las íes, reclamando a la clase política americana que el problema no está en una China creciente, amenazante y manipuladora de su divisa, sino que tal debate oculta un problema realmente preocupante. La Tasa de Ahorro Nacional Neta en los países como Estados Unidos es negativa, en ese país en concreto llega a niveles que nunca antes en la historia moderna de las naciones más poderosas se había visto. De “proporciones épicas”. Esto, dice, obliga a buscar recursos en el exterior, creando déficits y desequlibrios. Totalmente cierto. Pero es que además, creemos que el cambio es pasar del consumo al ahorro como motor económico. A una vuelta a la sensatez: al no vivir por encima de nuestras posibilidades. Tanto personas, países como empresas.

Esto, tememos, lo aprenderemos a golpes. Por lo que la película, sea como quiera que termine el capítulo del euro, terminará reventando malamente. Tarde o temprano.

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