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Se acabó > Francisco Pomares

   

Sin sorpresas, pocos días después de concluir la conferencia de paz de San Sebastián que ha exigido el fin de ETA, y cumpliendo con el guión intuido desde hace unos meses, la banda anunció ayer tarde el cese definitivo de la “actividad armada”, un curioso eufemismo éste para describir cuatro décadas ininterrumpidas de violencia sin sentido y crueles asesinatos. Tres encapuchados etarras, en un vídeo remitido a los medios abertzales, dieron ayer por finalizado el tiempo del último terrorismo nacionalista de Europa, con un mensaje menos matizado y más contundente del que nos tiene acostumbrado el lenguaje de los portavoces de ETA. En esta ocasión, y es la primera vez que eso ocurre, se asegura un compromiso “claro, firme y definitivo” con el abandono del terror.

Estamos sin duda ante la mejor noticia que podía producirse en estos tiempos de grisura, incertidumbre económica y desconfianza ante el futuro. El comunicado nos contagia sentimientos de esperanza y alegría. Es cierto que no todo está hecho, que quedan muchas incógnitas sobre cómo se producirá la desmovilización y el desarme definitivo de la organización terrorista, que es aún pronto para bajar del todo la guardia. Pero esto se ha acabado. Por fin.

Llegados a este punto, es necesario recordar que la rendición de ETA ha sido posible sólo cuando los partidos e instituciones del Estado dejaron el terrorismo fuera del juego de la política y se comprometieron en el aislamiento social y el acoso judicial y policial del terror. Es verdad que esa decisión no ha sido seguida por alguno de los grandes medios de comunicación del país, empeñado en mantener la rentable ficción de una sociedad rota y enfrentada hasta en los asuntos en los que compartimos absolutamente todo lo importante. Pero también eso debe quedar atrás. Ahora es el momento de integrar en los amplios márgenes de una Constitución capaz incluso de cuestionarse a sí misma, a quienes finalmente han dado el paso que la nación demandaba. Debe hacerse sin olvidar nunca a las víctimas de la insensatez y el terror y su necesidad de reparar desde la justicia y el reconocimiento una memoria herida.

Vendrán ahora interpretaciones políticas, disgresiones partidarias y mediáticas e intentos de rentabilizar electoralmente la noticia o de quitarle valor. Pero lo meridiano y evidente es que a partir de mañana comienza un tiempo sin hipotecas ni miedos. No estamos sólo ante la certeza del fin del terrorismo y el cierre definitivo de la transición política en el País Vasco. También es el momento de la ansiada incorporación de miles de ciudadanos a la democracia, sus compromisos y liturgias.