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Servicios prestados > Francisco Pomares

   

Roma no pagaba traidores. Pero sí pagaba -consta- los servicios prestados por sus héroes. Quien hiciera lo suyo para mayor grandeza del SPQR recibía la oportuna compensación, ya fuera en peculio, tierras para colonizar, o mármol epigrafiado para la historia. Premiando a los que cumplían los encargos de la curia, Roma logró sostener su tinglado en Occidente mil años.

No creo yo que el paulinato dure tanto, aunque lo más probable es que se mantenga esta legislatura, que ya es bastante. Rivero se convierta entonces en el presidente con más aguante de la Autonomía, sin pagar peaje siquiera a sus tiralevitas más fieles.

Y es que la defenestración del profesor Ríos de las listas del Congreso es un castigo por haber hecho el hombre lo que se le encargó. Han decidido endosarle el muerto de la concesión de las licencias de radio, como si el polémico reparto de frecuencias se hubiera producido por incompetencia de don Fernando, y no por exceso de celo en el cumplimiento de sus instrucciones. La cosa es que desde el Cabildo de Tenerife se ha pedido la cabeza de alguien, y el tipo con cabeza disponible más próximo a la decisión era precisamente Fernando Ríos.

Alguien tenía que pagar por abrir la primera fosa infranqueable entre el nacionalinsularismo de siempre y el entramado mediático que durante décadas sirvió con devoción a ATI. Por eso se culpa hoy a Ríos de haber abierto la caja de los truenos al dejar a la radio de José Rodríguez Ramírez fuera del reparto de licencias. Según esa lectura -ciertamente interesada- el leal hombre para todo de Rivero habría sido el único responsable de las concesiones y el causante de la guerra editorial que en los últimos meses tiñe de azul criollo las portadas del periódico El Día y convierte a su director/editor/propietario en protagonista de un ridículo culebrón judicial, en el que no se sabe si lo que le pica es la cabeza o la licencia.

Yo creo que no es justo que al final el pato del bochorno de las efeeme lo pague un tipo tan recto, estirado y pardillo como Fernando Ríos. Es de los que están en política por ideas, aunque cuatro años en las cocinas del poder lo hayan espabilado lo suyo.

Se va sabiendo algo que no sabía: que hay servicios prestados por los que se cobra con una patada donde la espalda termina.