X
El observador >

Sin impunidad para el crimen > Carlos E. Rodríguez

   

Parece superfluo decir que, con independencia de las circunstancias y hechos que rodeen la decisión, el anuncio del abandono de las armas por parte de la organización terrorista ETA es una buena noticia para España y sobre todo para los españoles que hemos sufrido su largo ejercicio de la violencia. Por supuesto que es hora de firmeza democrática y que de ninguna manera los terroristas entren en un espacio de inmunidad o de olvido de sus crímenes, pero que estos dejen de producirse resulta esperanzador y demuestra, al menos, que la democracia, y la unidad de todos los demócratas contra el terrorismo, ha derrotado a los bárbaros.

Lo importante ahora, por la dignidad y el futuro de todos, desde luego de las víctimas que merecen justicia, y también de los propios vascos, es que los bárbaros derrotados no tengan ni la mínima influencia en el horizonte del admirable País Vasco, que debe consolidar una auténtica y plural democracia moderna, coherente con el conjunto de la democracia española y europea.

Como pequeña cuestión adicional, sería conveniente que los ciudadanos supiéramos quiénes son los encapuchados que, en un asombroso ejercicio de falsedad y cinismo, alardearon ante las cámaras, antes de perdonarnos a todos la vida, de una victoria que de ninguna manera han obtenido. Por la imagen que el País Vasco merece, y por la dignidad de los demócratas vascos, la derrota de ETA debe concluir en el procesamiento y condena de quienes han propagado el terror, la violencia y la muerte durante tantos años.

Asimismo es tiempo no solo de firmeza democrática, sino también de unidad democrática, como lo merece nuestro país, esto es, el conjunto de la ciudadanía. Con independencia del resultado de las ya próximas elecciones generales, PP y PSOE pueden y deben caminar juntos en el proceso de liquidación definitiva del prolongado y cruento escenario de violencia y crímenes de ETA, sin el menor vestigio de impunidad para quienes han generado tanto dolor y sufrimiento a tantos ciudadanos.

El País Vasco es parte muy importante de España -importante quiere decir que importa, como siempre advertía el filósofo- y sobre todo, parte de Europa, y los terroristas derrotados no pueden arrogarse representación alguna de la ciudadanía vasca.

Como no podía ser de otra manera, los terroristas se han despedido mintiendo, alardeando de una victoria que de ninguna manera han obtenido. Derrotados, los etarras deben ser procesados, juzgados y condenados, como la dignidad del País Vasco y la memoria de las víctimas sin la menor duda exigen.

El crimen y la violencia no tienen lugar ni espacio en ninguna parte de este país, España, que es ya reconocidamente una democracia moderna y europea. En el nuevo tiempo democrático que se abre para todos, incluso para los sufridos habitantes de África, los que quieren imponerse por la violencia deben tener el mismo final que ha tenido el terrible tirano libio.

Este comentarista nunca se alegrará de la muerte violenta de un ser humano, ni siquiera de un ser tan inhumano como Gadaffi, pero es importante que tengamos claro que la democracia no es compatible y no puede ser tolerante con la violencia y el crimen.