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Soluciones discutidas > Manuel Iglesias

   

Cuando el fenómeno de un mar de leva, unido a otras circunstancias meteorológicas, originó la inundación de la avenida y del frente del pueblo de San Andrés, en esta columna se comentó que, más allá de las buenas voluntades de las palabras que expresaban todos los responsables respecto a la necesidad de una solución, ésta no iba a ser nada fácil.

Los hechos lo han venido a demostrar, con la polémica que ha surgido entre las autoridades municipales y el Servicio Provincial de Costas enfrentados con un sector de los vecinos de la localidad, en especial de los comerciantes de la avenida marítima, por la propuesta de seguridad que se quiere realizar y que consiste en levantar a más altura el muro de escollera frente a las olas.

Es una posible salida, pero es evidente que ésta tapa el mar a la vista del frente marítimo, perjudicando un bien intangible de quienes allí se encuentran, como es la visión al mar que se tiene y que se sustituye parcialmente por un muro de piedras.

Y volvemos como en comentarios anteriores al problema de ese sector de San Andrés, el de su baja altura con respecto al nivel del mar, que es una amenaza en ciertas circunstancias.

En el pasado, cuando era un pueblo de pescadores, éstos convivían con el mar y las cosas se veían de otra manera, incluyendo el alejamiento de las pertenencias del riesgo de las inundaciones que periódicamente se producían. Hoy la situación es otra y los negocios no pueden mover o trasladar sus medios fijos, ni pueden vivir bajo la amenaza de que un día, más tarde o más temprano, en determinadas circunstancias, el mar volverá a superar las barreras actuales y a entrar en sus casas y locales.

Difícilmente pueden admitir que la solución sea esconderse detrás de una barrera de escollera a gran altura, que disminuye en la misma proporción el atractivo del barrio. Costas dice que es una solución provisional, pero muchos temen que la provisionalidad se consolide en el futuro, teniendo en cuenta que la propuesta del dique semisumergido está sujeta a avatares de cambios políticos y reajustes presupuestarios. Hay quienes temen que, una vez “asegurado” en lo posible el tema de las inundaciones, el aspecto estético pase a un segundo plano.

Y volvemos a las mismas impresiones que habían en el primer momento. No hay una fórmula sencilla que sea rápida y que tenga un costo asumible sin reparos por la Administración y los técnicos.

Si no cambian las cosas, parece que casi todo arreglo va a estar marcado por el descontento de uno u otro sector, sometido a tener que escoger entre resultar afectado por las aguas o por un muro de escollera. Por ahora parece que no se presentan muchas más alternativas de manera próxima, salvo variaciones sobre el mismo tema.