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Turismo más allá del magma > Manuel Iglesias

   

Desde el primer momento en que comenzaron los movimientos sísmicos en El Hierro, en las tertulias de los medios y por parte de varios políticos se lanzó el tema del elogio a las virtudes que, decía, algo así tenía en el turismo.

Como ejemplo valga el como en alguna emisora de radio se oían cuñas auspiciadas por el Cabildo de El Hierro en que un personaje vinculado a actividades subacuáticas invitaba a acudir a la Isla y sumergirse en las aguas, en las cuales, decía, era cierto que se percibía algún cosquilleo, pero que este, afirmaba, “es agradable”. A la vista de cómo han ido las cosas, es para temblar por la irresponsabilidad.

De bueno para el turismo, no parece que haya mucho. Que una cosa es hablar de los volcanes de lejos y en plan aventurero y otra ser un turista en un lugar en el que se han producido miles de pequeños o medianos seísmos y están apareciendo emanaciones sulfurosas en el mar y hay varios posibles puntos de los que surge magma.Los hechos han confirmado esta opinión, porque lejos de sentirse atraídos por las circunstancias los turistas han ido abandonando progresivamente El Hierro y los vuelos hacia la Isla tienen un descenso de viajeros.

Se habla de tomar lo ocurrido para un aprovechamiento turístico posterior, pero tengo la impresión de que estamos en una desviación del error anterior. Lo que El Hierro tiene que aprovechar turísticamente es la gran difusión que ha tenido su nombre, especialmente en la Península. Debe realizar una campaña aprovechando la curiosidad, pero canalizándola hacia otros muchos aspectos que la Isla puede “vender”, como la singularidad de sus paisajes, la tranquilidad que puede encontrar el viajero, la posibilidad de una gastronomía que debe basarse en productos naturales y frescos que sólo necesitan de cocineros bien preparados que sepan tratarlos y no los estropeen y otras oportunidades que pueden surgir si ponen imaginación y voluntad en ello…

El Hierro debe atraer el turismo por sí misma y el volcán está (o puede estar, porque ni siquiera sabemos si al final habrá al menos un roque sobre la superficie que enseñar) como un elemento más, pero no en el énfasis, sino dentro de la totalidad de la oferta. Es la mejor manera de que el cliente repita o se quede unos días. Si no, le venderán una excursión desde Tenerife o Gran Canaria, mirará el mar -o lo que haya- y se volverá el mismo día.

Y este es un asunto cuyo cuidado en el uso cabe generalizar para todo el Archipiélago. En las Islas sabemos lo que ocurre, pero en Berlín, por ejemplo, si las noticias que llegan es que en Canarias se han producido miles de seísmos de diversas importancia y hay surtidores de lava, a lo peor, no se entusiasman, sino que se retraen. Una gran parte de nuestro turismo es familiar y a nadie le gusta viajar con sus hijos a zonas de las que les hablan de inciertos riesgos.