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Un futuro en paz, sin olvido

   

El anuncio del fin de la lucha armada por parte de los únicos que disparaban y mataban llena el futuro del País Vasco de esperanza, donde sus ciudadanos por fin podrán comprobar la vida normal, sin escoltas, sin tener que revisar el coche cada mañana, ni temor a que lleguen al buzón cartas exigiendo el impuesto revolucionario o sobres con el itinerario exacto de la familia, ni fotos de los hijos.

Ya no habrá razones para marcharse de la tierra en la que uno ha nacido, echado, expulsado por el miedo, el terror y la certeza de que el siguiente tiro en la nuca podía estar reservado para uno.

La lección del País Vasco será de manual, se estudiará en todo el mundo: cómo la unión de los partidos políticos, la elaboración de leyes, la investigación y acción policial y la determinación de la justicia puede ahogar a los violentos.

Bildu entendió el camino de las palabras frente a las armas. Ha sido el triunfo de todos, con un coste altísimo, en 829 vidas para las que los terroristas en su anuncio no tuvieron ni una sola sílaba, ni una sola palabra de perdón, ni arrepentimiento, ni un solo gesto.

No hubo entrega de las armas, ni disolución de la banda, ni se ha explicado cómo se evitará que uno de sus locos, en desacuerdo con el comunicado, empuñe una pistola. Por eso y por mucho más (qué hacer con los presos, qué futuro les espera a los que tienen las manos manchadas de sangre, qué sangre fría habrá que tener para no caer en las muchas provocaciones que habrá de escucharse y leerse), no estamos ante el fin, sino ante el principio.

Queda aún mucho por recorrer, no sin tensiones. La ventaja es que, ahora sí, todos desean llegar al mismo punto, la convivencia en paz. En las Islas ha sido una oportunidad, una más, de no olvidar a los asesinados canarios por ETA (Ramiro Quintero, José Benito Díaz García, Juan Batista García, José Manuel Amaya Pérez, Aurelio Pérez-Zamora Cámara, José Torralba, Santiago González de Paz, José Carlos Marrero, José Francisco Hernández) para los que el Ayuntamiento de la capital sigue sin dedicar una plaza en Santa Cruz, ni un homenaje, como se decidió hace años en pleno por unanimidad. Ni un olvido más.

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La muerte de la cultura

El anteproyecto de los presupuestos generales de la Comunidad Autónoma para el próximo ejercicio requiere todo un despliegue de ingeniería financiera del que sean capaces los funcionarios de nuestra administración. Parece haberse encontrado una salida lógica, para un ejecutivo que sigue resistiendo a subir impuestos de combustibles o tabaco o tocar el IGIC.

Canarias hizo bien la tarea de recortes en gastos desde 2008, solo con otras cuatro comunidades de nuestro país, y por eso ha recibido el visto bueno del Ministerio a endeudarse. Y ahí ha encontrado el gabinete de Paulino Rivero el balón de oxígeno para no deteriorar servicios esenciales, como la Educación y la Sanidad o los servicios sociales de primera necesidad a cuyas puertas llaman cada vez más familias desesperadas. Es la lectura positiva de unas cuentas que aun puedan variar en su tramitación. Pero ya ha habido una primera víctima.

El presupuesto anula, esquilma, desnuda a la Cultura, que sufrirá un recorte de más del 60 por ciento. Una industria potentísima, activa, con 15.000 trabajadores, que aporta a la riqueza del Archipiélago tanto como la agricultura debería haber recibido más apoyo. Un pueblo alejado, fragmentado, sin cultura, está condenado a desaparecer. Aún el presidente está a tiempo de enmendar el error y su socio de gobierno, la oposición, los empresarios y toda la sociedad de exigírselo.

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