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Un muerto seguro y un futuro incierto > Julio Trujillo

   

Gadafi ha muerto. Su situación personal y política no tenía salida y él mismo lo venía anunciando. Aislado por quienes ya no querían ser sus amigos, ignorado por quienes protegieron sus crímenes y desvaríos y quienes le rieron su poca gracia a cambio de generosas inversiones, espléndidas comisiones y sustanciosos contratos petrolíferos, su fin estaba cantado.

Pero, ¿y ahora? Un panorama incierto se cierne sobre Libia. Tan incierto como el de antes. La constelación de grupos e intereses distintos que ha derribado el régimen es una concertación circunstancial sostenida apenas por la promesa de apoyo de París y Washington y asentada sobre esperanzas islamistas y viejas complicidades con el propio Gadafi. Pero la creciente tensión internacional, la crisis europea, la reaparición de los viejos nacionalismos occidentales y el complicado escenario norteafricano van a dejar poco margen a las florituras de los nuevos dirigentes libios y van a abrir el campo, por utilizar el término futbolístico, al islamismo. Y ese es el cálculo que no han hecho las diplomacias occidentales o, lo que es más probable y peligroso, lo ocultan para obtener ventajas momentáneas, y el futuro dirá. Todo un ejemplo de responsabilidad que debería sorprender.

Ahora, la nueva Libia nace sin fantasmas. Tendrá que optar entre la transición suave y afrancesada de Túnez, la hipócrita alternativa militar egipcia o la más inquietante evolución de los países del Golfo. Libia tiene pendiente los derechos de sus ciudadanos pero, además, tiene contenciosos territoriales con Egipto y Sudán, que puede acabar siendo plataforma de nuevas desestabilizaciones. Y cualquiera que sea el escenario y su evolución, las consecuencias van a sufrirlas o disfrutarlas los ciudadanos libios en primer lugar, pero en segundo los países europeos de la ribera norte del Mediterráneo, que no pasan precisamente por momentos de aprovechamiento de oportunidades o de capacidad para ejercer influencia exterior. Esas son las claves.