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Un negocio que no cesa

   

En el último año sólo ha llegado un cayuco a Canarias; el resto, barquillas desde el norte de África. | DA

JOSÉ LUIS CÁMARA | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Un lucrativo negocio que no tiene fin. La inmigración ilegal que sale por vía marítima hacia Canarias no cesa, y continuará en los próximos años. Eso es, al menos, lo que opinan cooperantes españoles y miembros de ONG que operan en África.Y es que, contrariamente a la visión que se tiene en Europa, la salida de embarcaciones clandestinas no es patrimonio exclusivo de mafias organizadas que ganan miles de euros a costa de muchas vidas humanas. Más bien todo lo contrario.

Según explican desde Cruz Roja en Mauritania, desde hace unos años “todo el mundo está metido en el negocio de la inmigración”, desde policías a pescadores, pasando por jóvenes en paro que tratan de conseguir ingresos “rápidos y fáciles”. Esta circunstancia, según apuntan desde Asamblea de Cooperación Por la Paz (ACPP), provoca que sea muy complicado controlar los flujos de salida, especialmente en zonas como Marruecos, Mauritania o el golfo de Guinea. En ciudades como Nuadibú o La Güera se cuentan por cientos los que esperan conseguir un pasaje para el combate, como muchos denominan la travesía en patera hacia el Archipiélago. “Muchos no son marroquíes o saharauis, sino que llegan de países como Mali, Camerún, Conakry o Gambia”, agregan desde ACPP, una ONG que tiene delegaciones en Senegal, Mauritania, Guinea Bissau, Túnez y Marruecos, entre otros.

“Lo que ha hecho Europa para frenar la inmigración clandestina funciona sólo en parte”, afirman en varios de los puntos de salida de las expediciones clandestinas que tratan de alcanzar las costas canarias. Desde CEAR confirman esta teoría, y sostienen que “es difícil que acciones como las de Frontex tengan éxito cuando los propios gobiernos de muchos países africanos hacen la vista gorda con la inmigración ilegal”.

Mientras, en el Departamento de Cooperación Internacional de la Cruz Roja, reconocen, no obstante, que “ahora apenas salen cayucos, pero no es porque haya más vigilancia, que la hay, sino porque hay una crisis de confianza, como en la economía. Los migrantes temen ser estafados y ya no dan su dinero tan fácilmente”. Por eso, será difícil que se repitan imágenes como las vividas en 2006 y 2007, cuando diariamente partían decenas de barcazas. Ahora bien, “las salidas de pateras desde la costa marroquí hacia España continuarán”, inciden en Rabat. “Siempre hay gente que quiere irse a cualquier precio, y ni siquiera los naufragios o las repatriaciones pueden evitarlo”, denotan cooperantes españoles consultados por este periódico.

En la misma línea se manifiesta el general jefe de la Jefatura Fiscal y Fronteras de la Guardia Civil, Gregorio Guerra, quien se muestra partidario de mantener el dispositivo desplegado en Senegal y Mauritania para el control de la inmigración, pese al notable descenso que se ha producido en el flujo hacia las Islas Canarias.

Guerra, con motivo de la sexta Conferencia Policial Euroafricana que se celebró la semana pasada en Las Palmas, dejó claro que “el hecho que de ahora apenas exista inmigración hacia las costas canarias no quiere decir que no la pueda haber en el futuro”. “Los medios de control hay que mantenerlos en Mauritania y Senegal, donde se cuenta con cuatro patrulleras del Servicio Marítimo de la Guardia Civil, dos en Nouadhibou y otras tantas en Dakar, además de los oficiales de enlace y el Centro de Coordinación Regional de Canarias”, manifestó el general Guerra.

Moustapha Amar, delegado de la Fundación CEAR en África del Oeste, explica al DIARIO que buena parte de culpa de esta continua diáspora la tiene la “falta de infraestructuras en sectores primarios” como la agricultura o la pesca, de la que vive más de la mitad de la población en esta zona del continente negro. A ello se le une la corrupción política e institucional, que en la mayor parte de las ocasiones evita que se canalicen adecuadamente las ayudas al desarrollo.

En este sentido, Cruz Roja Española ha tenido que prestar ayuda en los últimos nueve meses a cerca de 3.000 inmigrantes ilegales que trataban de partir desde Marruecos y Mauritania hacia Europa. Más de la mitad fueron detenidos e internados en el centro de retención de Nuadibú, bautizado como el pequeño Guantánamo.

Tras el golpe de Estado militar mauritano en 2008 fueron muchos los que aprovecharon el desplazamiento de las tropas hacia el interior del país para zarpar hacia España. Bastaba con dar unos 1.000 euros a los gendarmes de bajo rango para que dejaran salir los cayucos. Tres años después, la situación ha vuelto a la normalidad y los sobornos son mucho más caros (el viaje puede llegar a costar 3.000 euros).
Aun así, en lo que va de año ya han arribado al Archipiélago 130 inmigrantes más que en todo 2010, la mayoría de ellos de origen marroquí. En total, se ha detenido a 317 personas, de los que 42 eran menores.

La Guardia Civil estima que a final de año habrán llegado a las Islas por vía marítima en torno a 400 sin papeles, casi el doble que el año pasado. Para el Gobierno, pese a todo, un ‘éxito’.