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Una gota en las Islas y un drama estatal > Manuel Iglesias

   

Las cifras de desempleo en el mes de septiembre son francamente malas, aunque Canarias se haya descolgado de la corriente general de paro, registrando un efecto positivo de 488 personas con respecto a agosto.

No es cómodo hacer el papel de aguafiestas en el entusiasmo que algunos en el Archipiélago muestran porque 488 personas son una gota de agua en el total de 251.990 parados que tienen las Islas, según el Ministerio de Trabajo. Suponiendo que siempre fuera bien, en un crecimiento de quinientos empleos por mes, seis mil al año, tardaríamos unos cuarenta y dos años en absorber el desempleo registrado.

Es evidente que las cosas no funcionan así, pero a veces es necesario hacer un proceso de visualización de los grandes números, para darse cuenta de que no siempre se pueden realizar lecturas de arrebato en la marcha de las cosas. Y no hace falta recordar aquella estupidez de los brotes verdes que decía el ministro Miguel Sebastián, que ya estaban ahí, para darse cuenta de que en ocasiones padecemos de irrealidad y de no poner los pies en el suelo.

Por otra parte, pese a la relativa satisfacción porque los resultados en Canarias al menos no llevan más gente al paro, como sucede en otras comunidades, no se puede olvidar que los datos en el conjunto del Estado son malos, incluso por encima de las previsiones que situaban el crecimiento del desempleo entre 45.000 y 50.000 trabajadores, mientras que las cifras reales se han elevado a 95.817 personas, casi el doble. Y eso también nos afecta. Aunque septiembre es tradicionalmente malo para el empleo, ya que es cuando finaliza la contratación de verano y se procede a la reducción de plantillas, este número de desempleados es el mayor registrado en ese mes desde que comenzó el registro del paro, en 1996.

Y Canarias no está al margen de los daños de las malas cifras, aunque se quiera quedar sólo en las suyas ligeramente positivas. El Estado del bienestar, que tan repetidamente se cita, especialmente en los últimos meses y en esta precampaña electoral, no se sostiene con las palabras, sino con los aportes económicos de los españoles, de todos, no sólo de los “ricos” de los que habla el PSOE, sino de la mayoría, de quienes somos trabajadores.

Mientras las personas tienen trabajo, contribuyen con sus aportaciones a esas demandas del Estado del bienestar y el sistema está más o menos equilibrado, pero con cada parado que se produce, además del drama personal, se ocasiona una inversión del proceso y el que aportaba pasa a cobrar del sistema. Si esto sigue de una manera constante. Habrá un punto a partir del cual el bienestar es insostenible, palabra que parece haber perdido en los ciudadanos la realidad de lo que significa: “Lo que no se puede sostener”. Si queremos sostenerlo, lo prioritario es crear empleo, sí o sí, y especialmente en la empresa privada, y luego hablar del resto.